AL TRASLUZ
Políticos y personas
SIEMPRE he recelado de quienes por sistema descalifican a los políticos, pues cuando aciertan lo hacen por casualidad; en cambio, nunca se desdicen de sus errores. Por motivos profesionales, me relaciono con los partidos. Ningunas siglas tienen la exclusividad de los valores profesionales, no digamos ya de los humanos. Así, desde la mera objetividad, puedo afirmar que tanto Amilivia o Fernández son excelentes políticos y personas. No encuentro contradicción ideológica o ética alguna en afirmarlo, salvo para quienes sus juicios los forman en tendenciosas tertulias, o necesitan del maniqueísmo. La crispación perjudica la labor de los mejores, y propicia al maestro del improperio En todos los partidos, hay estupendos activos. Uno de los políticos que me ha producido mejor impresión, profesional y humana, es Eduardo Fernández, delegado territorial de la Junta, a quien he conocido hace unos meses: inteligente y dispuesto siempre a ayudar, es un representante de la mejor derecha moderna. Cuando la actualidad me asquea, lo que hago es acordarme de los políticos eficaces que además son buenas personas, como Humildad Rodríguez o Natividad Cordero, por ejemplo. En León es fácil pasear el espejo a lo largo del camino y formarse una opinión fundada, de sus luces y de las sombras. Lo mismo podemos afirmar de la política nacional. Nuestro espíritu crítico, irrenunciable, debe ser compatible con la capacidad para enorgullecernos de los logros conseguidos, que nos comprometen con lo aún no alcanzado. Cuidado con el recelo político de piñón fijo, quizá el recurso dialéctico más facilón. No vivimos en una película de Capra, pero tampoco en el caos.