EL RINCÓN
Matar por gusto
EL «ASESINO del naipe», que ahora tiene 28 años, ha sido condenado por la Audiencia de Madrid a 142. Es un decir, claro. El tribunal ha fijado 25 años como límite máximo de cumplimiento, lo que supone que tendrá 53 cuando se pasee libremente por las calles de lo que para entonces se llamen «comunidades nacionales», ya que si Dios no lo remedia, y parece que Dios no se mete en eso, habremos sustituido el concepto territorial por el cultural. No es mala edad 53 años. No lo sé con precisión, pero creo que por ahí andaba Gary Cooper cuando hizo Solo ante el peligro . Se lo tengo que preguntar a Garci. Un hombre todavía joven, autor de seis azarosos asesinatos, estará en disposición de ampliar su currículum. Ya se sabe que contra las vocaciones fuertes no hay manera de luchar. Los radicales enemigos de la pena de muerte no tenemos respuesta cuando alguien nos pregunta qué hace la sociedad con tipos como estos. Cualquier cosa menos asesinarlos. Eso se lo dejamos a ellos en exclusiva. Tampoco nos satisface que se pudran en la cárcel, ya que al entrar ya estaban bastante putrefactos. Por eso digo que no disponemos de soluciones ideales. Los gratuitos crímenes del asesino del naipe, que aterrorizaron Madrid hace dos años, carecían de motivación. Acudió al dictamen de la baraja y por eso la Policía no supo al principio a qué carta quedarse. No es fácil imaginar que alguien mate por gusto, sin mediar agravios, ni venganzas, ni ventajas. ¿A quién beneficia el crimen? Se interrogaban los detectives, pero el crimen, los seis más otros tres en grado de tentativa, eran a beneficio de inventario. Cualquier sociedad, si bien es cierto que unas más que otras, segregará siempre elementos residuales que, aunque no tengan «patología psiquiátrica» según los forenses, tengan una pistola Tocarev calibre 7,62. Paciencia y barajar. Sólo hay que pedir que el a sesino del naipe no viva en nuestro barrio.