EN BLANCO
Irredentos
LOS ANIVERSARIOS son fieles guardianes de la memoria que impiden olvidar, como es el caso, aquella coreografía del espanto del 11-M, cuando la logística del terror puso a España justo al borde del abismo. Dispuestos a llevar hasta los últimos extremos su particular guerra santa, algunos autoproclamados guerreros del Islam, enardecidos por una equivocada crisis de exaltación, causaron una masacre que nunca podremos olvidar. Los medios de comunicación han analizado desde todos los prismas habidos y por haber los sucesos acontecidos entre los días 11 y 14 de marzo, evidenciando que los responsables políticos de gestionar la crisis tenían, además de una tremenda torpeza motriz, poco más que aire entre las orejas. Ante la espada de Damocles de las inmediatas elecciones generales, que consideraron perdidas si el golpe venía de los «moros» y no de los etarras, decidieron enredar a los españoles en un rodeo dialéctico muy largo para acabar contándonos un cuento muy corto. Tramposo empeño en el que destacaron el incompetente Acebes y el impagable Urdaci, transformados en el dúo Sacapuntas del descaro y la manipulación. De poco les valió, pues los electores les demostraron a gorrazos de urna que no nos chupamos el dedo. Y ahí siguen, enfrentados a todo el mundo e incapaces de realizar un inventario moral de sus muchos errores y desvaríos, desligándose de las conclusiones de la comisión de investigación con aires de damisela ofendida en lo más sagrado. Puro teatro que sólo sirve para atizar la tea de la discordia, evidenciar una vez más su absoluta incapacidad ante el mayor atentado vivido en Europa y ofender la memoria de las víctimas y los miles de afectados.