Diario de León

CON VIENTO FRESCO

Reescribir la historia

Publicado por
JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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COMO RECUERDA Gustavo Bueno en su libro El mito de la izquierda , «memoria histórica» es un concepto espurio, que pretende remitirnos a un sujeto abstracto capaz de conservar en su seno la totalidad del pretérito que los mortales del presente deben descubrir. En realidad no existe «la memoria histórica», es sencillamente un eufemismo para designar a la Historia. La memoria es personal y, por tanto, subjetiva; es lo que uno experimenta o lo que ha vivido en su propia circunstancia, en relación con los otros. En ese sentido tiene que ver con la historia pero vista de manera parcial y partidista. Nadie tiene memoria de los romanos o de la conquista de América, eso es sencillamente la historia. Ésta no tiene que ver con la memoria ni es tampoco el producto de la memoria, sino con la comprensión del pasado. De ahí la necesidad de una cierta perspectiva para analizarlo con rigor y objetividad. Eso es competencia de los historiadores. Cuando un grupo, llámese por ejemplo Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, pretende recuperar la supuesta memoria histórica lo que está intentando es que su visión parcial y partidista de la historia sea la imagen que todos hemos de aceptar, como si fuera verdaderamente la suya una mirada objetiva y la única verdadera. Se trata, sin embargo, de una percepción política o con fines políticos confesados o inconfesados. La «memoria histórica», matiza Bueno, no es propiamente memoria, sino selección partidista. De ahí la damnatio memoriae que con frecuencia practicaron los romanos destruyendo las estatuas o efigies de aquellos a los que el pueblo debía olvidar. Esto explica por qué la «memoria histórica», en lugar de conservar, paradójicamente derriba las estatuas de Lenin en Rusia o de Franco en España. La memoria histórica solo puede aproximarse a la imparcialidad cuando deje de ser memoria y se convierta simplemente en historia. La eliminación de las estatuas de Franco y José Antonio en Madrid y Guadalajara o la sustitución de todos los signos y símbolos franquista, aprobada por el Consejo Comarcal del Bierzo hace unos días, no busca tanto provocar al PP como reescribir la historia de España a partir de la memoria partidista de la izquierda. Sin duda hay mucho de provocación, como señala algún columnista, aunque no parece que el PP vaya a caer en la trampa del PSOE, que busca deslegitimarlo de cara a futuras contiendas electorales. El PP critica que el PSOE se valga de estas naderías porque carece de una política coherente que ofrecer a los españoles. Coincidiendo con la polémica desatada por la presencia de algunos grupos de nostálgicos del franquismo, El País publica estos días un extenso trabajo sobre la extrema derecha. La extrema derecha existe, y se nutre, según Barbería, de la xenofobia y del rechazo al nacionalismo y los conflictos territoriales. Es posible que lo que pretenda el PSOE sea únicamente descentrar al PP, e incluso posibilitar que en España, donde la extrema derecha es residual, saque pecho y le robe a los populares algunos votos. Sin embargo, creo que esos actos de eliminación de los símbolos franquista o de exhumación de cadáveres de uno de los bandos de la guerra es un intento de rescribir la historia en un momento en el que algunos libros, como los de Stanley Payne, Pío Moa, Alonso Baquer y César Vidal, entre otros, están amenazando la interpretación asumida acríticamente en la transición sobre la guerra civil y el franquismo, la de Tuñón de Lara, Gabriel Jackson, Hugh Thomas, Paul Preston y compañía. Decir que la guerra civil y la caída de la República no fue consecuencia del golpe de estado de Franco sino de la revolución del año 34 es demasiado fuerte para una izquierda que ha buscado un plus de legitimidad en ese pasado. Hablar de las checas y de Paracuellos, del asesinato de miles de inocentes y de la persecución religiosa es insoportable para esa izquierda tan pagada de só misma. Pero esa es la otra cara de la moneda cuando no se asume la historia y sólo se ve con anteojeras partidistas.

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