LA VELETA
La hora de la política
EUSKADI se dispone a celebrar las primeras elecciones democráticas en las que la sombra de ETA es, por lo menos, difusa. Por primera vez las calles del País Vasco no están a merced de la «kale borroka» y la desarticulación paulatina de la capacidad terrorista de ETA sitúa la amenaza de esta organización en los parámetros más bajos de su historia. No cabe duda de que la gestión del Gobierno de Aznar en el enfoque de la lucha antiterrorista tiene mucho que ver con el éxito que nuestras fuerzas de seguridad están obteniendo, cada día, en la desarticulación de una banda terrorista que seguro que todavía tiene fuerza para matar, pero que ha perdido toda esperanza de supervivencia. Euskadi se encuentra en la primera encrucijada electoral en la que los factores meramente políticos pueden encontrar caminos con la coacción de la violencia disminuida como nunca antes había ocurrido. El paso siguiente para la normalización electoral sería la primacía de los factores políticos sobre los emocionales. Estos últimos siempre han encontrado amparo en el victimismo y en la incomprensión que le permitía al nacionalismo mantenerse en el terreno de lo irracional sin entrar a definir sus estrategias políticas de largo recorrido. El Plan Ibarretxe y lo que significa para el futuro de Euskadi -en el hipotético caso de que se pudiera llegar a aplicar- significaría el desgajamiento del País Vasco de una Europa que tiene como objetivo estratégico fortalecerse como unidad política y económica a base de una cesión paulatina de la soberanía de los estados. Si el debate en este proceso electoral se centra en los elementos políticos y económicos de cada propuesta, por primera vez los vascos se encontraran frente al compromiso de definir el modelo de sociedad y la capacidad de acomodo que les obligue a definir cómo, sintiéndose vascos puedan ser españoles confortablemente, sin discursos políticos antitéticos que les limiten la capacidad de conciliación de sus interesases compartidos entre lo vasco y lo español. El clima político creado por la estrategia del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tiene mucho que ver en este nuevo escenario en el que el nacionalismo democrático no tiene ninguna posibilidad de presentarse como demonizado por fuerzas centralistas que ya no gobiernan. Pero lo que es más importante: quien quiera resucitar ese fantasma no tiene ninguna expectativa de credibilidad. En Euskadi ha llegado la hora de la política.