Diario de León

DESDE LA CORTE

El Papa y la política española

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FERNANDO ONEGA
León

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LA MUERTE del Papa tuvo también su repercusión en la política española. Si ha sido una conmoción, como reconocen todas las crónicas, se puede decir que ha conmocionado a unos más que a otros. A los católicos, mucho. Los agnósticos se han dejado llevar por la corriente con emociones descriptibles. En el ámbito político, la división de actitudes quedó bien reflejada en las jornadas de duelo: mientras las autonomías gobernadas por el PP decretaron tres días de luto oficial, el gobierno de la Nación se ha conformado con uno. España ha dejado de ser más católica donde gobiernan los socialistas que donde gobierna la derecha. Siempre hubo clases. Zapatero cometió, además, dos errores a los ojos de los más creyentes: no tuvo presencia física ante los micrófonos, ni acudió a dar su pésame personalmente a Nunciatura. Delegó en la vicepresidenta Fernández de la Vega, que parece haber sido designada interlocutora del Gobierno para asuntos celestiales y asimilados. Y allá se fue, más vestida de negro por fuera que por dentro, según se puede interpretar del trabajo que le costaba elogiar a Su Santidad. Por estas razones de austeridad en el elogio y el gesto, al presidente le han llamado cicatero. Ahora bien: no hay coscorrón que no tenga su caricia. Mientras lo más locuaz del mundo conservador arremetía contra él por falta de sensibilidad y por una nueva muestra de distancia hacia el mundo católico, siempre hay un Gaspar Llamazares dispuesto a situarle en el centro político y religioso. Don Gaspar promete iniciar una nueva y exigente tarea de oposición desde la izquierda, y comenzó por donde se lo pedía el cuerpo: pidiéndole al gobierno, como si hiciera falta, que no se exceda en los actos de homenaje a Su Santidad. Bueno, el líder de IU no dice «Su Santidad». Dice «Papa», que ya es mucho para referirse a quien tanto hizo por la caída del comunismo. Así las cosas, a fecha de hoy tenemos de luto oficial a la España gobernada por la derecha. Tenemos una izquierda real que debe estar escandalizada por las veinticuatro horas de Televisión Española. Tenemos un José Luis Rodríguez Zapatero que a lo mejor sólo estaba cansado, como le ocurrió en alguna ocasión. Tenemos una misión oficial al entierro en la que estará Rajoy, con lo cual la política española vivirá un día de «santa distensión», pero sólo un día. Y, leñe, tenemos campaña electoral en Euskadi. Se nos había olvidado entre tantas emociones. ¿A quién beneficiará el óbito del Papa? De momento, al Partido Comunista de las Tierras Vascas, pues se amortigua el debate sobre sus intenciones. Y a medio plazo, a Ibarretxe: es el único que puede recordar que «el Papa perdonó a un terrorista». Juan Pablo II ha dado para todo. Sólo es cuestión de saberlo aprovechar.

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