EL BALCÓN DEL PUEBLO
Oscurantismo en el ITA
ES COMO una explosión de vida. El campo, en apenas una semana, ha dejado su calcinación lunar para eclosionar en plenitud. Alardean los trigales verdes y los árboles de La Condesa muestran sus flores color cereza. Una estampa maravillosa. Es el milsagro de las lluvias y de la primavera. Los campesinos miran al cielo, aprietan sus manos y se regocijan. Donde lo ven más negro es entre las luces de neón de los centros decisorios. Los sindicatos agrarios reclaman al consejero de Agricultura, José Valín, que se convoque el consejo asesor del Instituto Tecnológico Agrario (ITA). Este Instituto, desde que fue creado por ley, lleva dos años funcionando. Ha servido para que una parte importante de la política agraria se lleve fuera de los cauces normales, que son los servicios de agricultura y ganadería de las Delegaciones Territoriales de la Junta. Como hijo de campesino soy sensible a estos temas. Y me preocupan. Ya en principio, de forma oscurantista, la consejería decidió su ubicación a la sombra de Valladold, en Zamadueñas, reforzando aún más el fortísimo centralismo de la Junta. José Valín es vallisoletano y ejerce como tal. En Pucela no se imparte la titulación de Ingenieros Agrónomos. Da igual. Tampoco hay chopos y allí se fijó la sede del Instituto regional del Chopo, pese a ser León, cada tres años, la mayor productora de España. Ya el decreto que desarrollaba el ITA en el 2002 preveía la creación de un consejo asesor que debía reunirse, al menos, dos veces al año para aseso rar al Instituto y apoyar su coordinación con universidades, centros tecnológicos y de investigación. El caso es que han transcurrido más de dos años -estamos en el 2005-, el ITA se instala en la finca de Zamadueñas, y ha ido creciend o en personal, competencias y funciones de una forma totalmente oscurantista y opaca. El consejo asesor nunca se ha reunido y, por tanto, no ha podido discutir sus prioridades, sus objetivos y sus métodos. Hay quien dice que este oscurantismo se debe a que es un instrumento más manejable al servicio del PP que la estructura administrativa de las consejerías y delegaciones territoriales. En todo caso, tienen razón los sindicatos agrarios. Es urgente que el consejero de Agricultura convoque al consejo asesor, pero, sobre todo, es todavía más necesario que se arroje luz y transparencia sobre qué está haciendo el ITA, cómo se selecciona su personal, qué presupuesto está invirtiendo, qué relaciones tiene con las Escuelas de Ingenieros Agrónomos y demás departamentos universitarios interesados y, en definitiva, si está habiendo total transparencia y ecuanimidad en el manejo y uso de sus fondos públicos a través de un órgano interpuesto. Valín y los sindicatos agrarios han tenido frecuentes enfrentamientos por muchas cuestiones que afectan a la agricultura y ganadería en proceso de transformación. Ahora bien, lo que resulta poco justificable es la permanente desconfianza, e incluso hostilidad, que desde Agricultura se profesa a las organizaciones agrarias. Valín no pierde ocasión para infravalorarlas o ningunearlas. Su técnica se ajusta al enunciado de retarlas: O están conmigo y a nuestro servicio, o condenadas a la incomunicación y a la ignorancia.