Diario de León
Publicado por
ANTONIO PÉREZ HENARES
León

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HEMOS asistido a un toque de oración a escala mundial y a una convocatoria universal a unas honras fúnebres y un entierro. Nunca antes y a pesar de haberlo dicho tantas veces fue verdad que un pontífice llevara su voz y hasta su muerte Urbi et orbi. Es el final perfecto para un Papa que supo entender de manera exacta y hacer de ellos su instrumento. «El medio es el mensaje», dijo uno, pero quien lo demostró empíricamente fue él. Sus exequias han sido el colofón. Algunos millones, los que han podido por dinero y tiempo, y han querido por fe o curiosidad se han ido a Roma. Muchos más lo han seguido por la televisión. Otros no han podido permanecer ajenos, pero no por ello han sido arrastrados por la corriente. Porque, a pesar de la imagen que parece decir otra cosa, hay mucho más mundo. Juan Pablo II, en vida, fue maestro de las grandes concentraciones retransmitidas, enfervorizó mas que nadie a su parroquia e hizo brillar el dogma entre sus seguidores. Claman ya por su santidad y en su fe tendrán, digo yo, razón. Pero, y a las pruebas me remito, fueron muchos y son cada día mas los que se alejan de la práctica, sobre todo entre los jóvenes que ven muy ajena su vida de los parámetros que se les quieren marcar. La Iglesia brilla en todo su esplendor y parece que está en la cúspide de su influencia. Pero no dejo de pensar que hay aquí algo de virtual, algo artificioso y ritual, mientras que los senderos de la humanidad andan por caminos paralelos. Vamos, que se ha perdido la cercanía aquélla, la bondad hermana de los tiempos del Papa Bueno (Juan XXIII) que abrió sus brazos a lo humano.

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