DESDE LA CORTE
Santiago Rey: Un grito de libertad
AYER se oyeron dos voces en Madrid: la del presidente del Gobierno y la del editor de este periódico. Rodríguez Zapatero presentó su visión de España, próxima al paraíso, con una economía que va mejor que nunca, una política positiva, unas relaciones internacionales magníficas e incluso una situación territorial excelente. Al lado de esta visión triunfalista, sin la menor autocrítica de gestión, sonaban como una herejía las palabras de Santiago Rey que dibujaban el cainismo actual del país: «Ciudades contra ciudades, comunidades contra comunidades, tribunales contra tribunales (¿) vecinos contra vecinos, iguales contra iguales». Era la denuncia de un hombre que se había presentado como «un editor de provincias». Era la palabra calmada, pero apasionada, del empresario que dejaba caer sus reflexiones como una espada en el suelo contaminado de Madrid. Estábamos viendo, como en las ocasiones históricas, no una conferencia, sino un grito por la libertad. Un grito empresarial al que no estamos acostumbrados en esta Corte de las maniobras ocultas, de las operaciones inconfesables, de los pactos bajo cuerda y de las lisonjas descaradas y las adulaciones al poder. Un grito que a mí me hizo exclamar, como a Melibea en «La Celestina», «¡qué pequeña tenemos nuestra libertad!». ¿Pequeña? Peor que eso. En la comunicación, la tenemos adulterada. Cercada por la competencia desleal. Falseada por los intereses de grupo. Manipulada por las infiltraciones ideológicas. Sometida al cariñoso abrazo de unas Administraciones pródigas en suministrar subvenciones no a quien hace mejor periodismo, sino a quien vende mejor sus lealtades y simpatías. Atada a los mecanismos perversos de las concesiones que hacen posible todo favoritismo y todo mercadeo. Y todo ello, ante una sociedad anestesiada, que a veces aplaude la manipulación y las mentiras, por la sencilla razón de que disfruta con el varapalo político, aunque sea basado en el engaño. Conseguir editar un periódico independiente en estas condiciones parece tarea de héroes. Así me sonó la conferencia de Santiago Rey. Fue una intervención casi subversiva. No para quienes le hemos escuchado en sus mensajes a sus redacciones, donde nos alienta a usar la libertad bajo su respaldo; pero sí para un público acostumbrado a la transigencia. Me he dado cuenta, al escucharle, de que este país ha perdido su capacidad de denuncia. Ha tenido que venir un editor de provincias a dar un aldabonazo. A convocar a la profesión periodística a la rebelión con palabras de sentido común, pero que en este tiempo de España suenan revolucionarias: «Es el momento de oponerse a los continuados intentos de amordazar a quienes se atreven a contar la verdad».