Diario de León
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FERNANDO ONEGA
León

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«LAS MEJORES cartas son las que no se escriben», dijo el marido cuando su mujer le interceptó la que dirigía a su amante. A otra amante le preguntaron por la declaración escrita por un apasionado aspirante a novio, y respondió: «las únicas cartas de fiar son las de los restaurantes». Las epístolas que ahora se cruzan Rajoy y Zapatero, mencionados sean por el orden de remisión, son menos de fiar todavía, porque no van dirigidas a su respectivo receptor, sino al ciudadano. Son cartas privadas con vocación pública. Cartas de persona a persona, para que las lean millones de personas. Cartas dadas a la luz pública antes incluso de que el destinatario las reciba. En eso ha quedado el fantástico clima de entendimiento que ambos líderes habían logrado aquella tarde de enero. No se han vuelto a ver en solitario, se han vapuleado en el Congreso, y el diálogo actual se reduce al intercambio epistolar. Podían llamarse por teléfono, tener una reunión discreta, quedar a tomar una copa. Pero no. Prefieren este sistema, que es como un diálogo retardado. Tal como están las cosas, en un cara a cara podrían llegar a las manos. En cambio, la carta lo enfría todo y tiene la insuperable ventaja de que deja mucho tiempo para pensar la respuesta, consultarla con el equipo y incluso para que la redacte un amanuense. Lo más llamativo es el tema que tratan: nada menos que el Pacto por las Libertades y contra el terrorismo. Si creemos los certificados médicos expedidos desde la dirección del PP, estamos en el entierro de ese acuerdo histórico, pero nadie quiere ser responsable de su muerte ni tirar la primera palada de tierra sobre el ataúd. La carta primera de Rajoy es como un aviso de funeral, pero sin atreverse a hacerlo, y la respuesta de Zapatero es un decir: «yo no veo ningún cadáver; si lo hay, le devolvemos la vida cuando quiera». Así estamos. Estas cartas no hubieran sido necesarias si Zapatero hubiera convocado la reunión de ese pacto cuando lo pedía el PP; cuando este partido necesitaba, como todos, datos concretos de por qué no se recurría la candidatura del Partido Comunista de las Tierras Vascas. Por eso ZP nos debe dos explicaciones: por qué no convocó entonces el Pacto, y qué ha cambiado para que hace dos semanas no fuera posible esa reunión, y ahora se pueda hacer. Y Mariano Rajoy nos debe una: por qué condicionó su asistencia al Pacto al recurso judicial contra EHAK. El sutil mecanismo del cruce de cartas es una hábil maniobra para que pase el tiempo y nos quedemos sin esas explicaciones. Por eso vuelvo al principio y digo: las únicas cartas fiables son las del restaurante. Las otras, incluídas las astrales, están hechas para entretener o camelar al personal.

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