Diario de León
Publicado por
ENRIQUE CIMAS
León

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AQUÍ en León le conocía, y quería, muchísima gente; porque él se hacía querer. Más de veinte años estuvo el P. Gonzalo Berasategui en la parroquia y convento de San Lorenzo en donde lo visité docenas de veces. Nuestros encuentros eran para mí espiritualmente estimulantes, y culturalmente enriquecedores. Sabía mucho el padre Gonzalo, y atinaba a contar las cosas con delicadeza, prolijidad y memoria. Ensartaba las evocaciones del tiempo pasado con las vivencias del presente, estableciendo inferencias con añadidos teológicos y opinares de maestro polifacético. Muchas tardes, tardes de verso, coloquio y recogimiento -más cercano a los asuntos del Altísimo que a los dictados humanos- me habló de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Jesús, los dos abulenses más universales. Sus expresiones, con voz marcada por la disnea de un organismo de noventa años, estaban pronunciadas con un perceptible acento de devoción y lirismo. Así, desde «Las Moradas» teresiana hasta la «Noche oscura», de Juan de Yepes, surgían elementos interpretativos de autores y obras : datos, fuentes hagiográficas, etc. La atmósfera que nos envolvía, y provocaba el dialogo, quedaba impregnada de un halo de confidencia emocional, de susurro sugerido por aquello que, trascendente o estético, rebasara la mera contingencia terrenal. Y, por ello, más se aproximara a la idea de Dios. También hablábamos de Vasconia. Del dolor que le producía el hecho de no haber podido ejercer -en ella- de vasco y español a la vez. Conmovía intensamente a su condición de hombre bueno, de errikoseme («hombre de allí») sencillo y puro, como la flor del Amboto, el recuerdo de un tiempo y una tierra inolvidables : memoria de su niñez, en el caserio Etxézuri, «casa blanca», en simultaneidad al otro escenario familiar, no menos entrañable, el de «su» Quintanilla de Escalada, en donde este ilustre vasco-burgalés, o burgo-vasco, vino al mundo. Porque es hora ya de que aclaremos que nuestro personaje, burgalés y vasco, e incluso un poco leonés, se llamaba -hasta hace cinco meses en que le llamó el Señor a su lado- Gonzalo Berasategui González. Es decir, dos referencias para un noble destino, dos mitades para un todo; dos patrias en una y comprensiva España; país uno y vario que, al igual que los dos brazos de un tronco -en el caso del fraile carmelita, por su condición compartida de castellano y vasco- sirven a un mismo cuerpo, con una sola alma¿. Tal vez los vascos, al igual que acontece en Álava, tendrían que practicar un entrañamiento natural de filiaciones, (lo que, por otra parte, ha ocurrido durante siglos, hasta el presente), admitiendo la ley del mestizaje, frente al endogámico credo de Arana. Desechando el racismo etnicista, por una sola identidad que yo imagino en metáfora fluvial, como las corrientes tributarias del río de la Historia que, al unirse, forman un gran caudal bravo y fecundante en un definitivo abrazo: los López de Letona, García de Cortázar, Pérez Aguirre, Sánchez-Barcáiztegui, Díez Aberasturi, Martín de Urquijo¿, ponen de manifiesto la realidad de unos linajes indisolublemente intraunidos, y coincidentes, en la noble parte alavesa del solar común de todos los españoles. Solar al que el bardo y trotamundos Iparraguirre, (autor del poema lírico «Gernikako arbola», himno oficial de los vascos,) cantara en un verso estremecedor, entonado desde un promontorio de Hendaya, y al avistar España que se le definía entre las brumas del Bidasoa. La reacción nacionalista de los bizkaitarras fue la de negar que Iparraguirre hubiese mencionado a España en su invocación poética, al regreso del exilio en Argentina. Para «demostrarlo», simplemente eliminaron la palabra España, sustituyéndola por el término Euzkadi. Merece que ustedes conozcan las estrofas mencionadas, llenas de lirismo y amor a nuestra patria común :»Ara nun dira zolaiak/baserri erek, zuri zuriak /Iturri eta ibaiak/Endayen nago zoraturikan/Zabal zabalik begiak: ¡Ara España!/Lur oberikan/Ez da Europa guztian».(El propio autor del ««Gernikako arbola»» lo tradujo de esta manera: «Aquí, los montes y campos queridos, los hermosos caseríos, las fuentes y los ríos. Estoy loco de contento en Hendaya con los ojos muy abiertos; ¡ahí está España!, mejor tierra no la hay en toda Europa»). Manipularon a Iparraguirre, lo mismo que negaron el hecho de que Sabino Arana, en carta-testamento dirigida a su hermano Luis, hubiera afirmado que su idea bizkaitarra (separación de España) no había sido tan acertada como él supusiera al principio. Y que, en consecuencia, debía continuarse por el camino español. (A la vista de los resultados de las elecciones en el País Vasco, excesivamente neutros para el propósito de fortalecimiento de los objetivos españolizantes, me reafirmo en la necesidad de establecer puentes que unan, a favor de la unidad nacional española, y no que separen, como pretenden las facciones nacional-soberanistas. Es pronto para montar hipótesis consistentes (aunque si se puedan prever con bastante aproximación) sobre los posibles acuerdos a determinar. Ahora mismo España está mirando anhelante hacia quien, con fuerza política mayoritaria en sus manos, a escala nacional, puede evitar que el pensamiento separatista y secesionista que nos asfixia -política y moralmente- se imponga de nuevo, comprando soberanía de todos los españoles, a cambio de espejitos y abalorios; técnica en la que «ibarreches» y «carodes» son consumados maestros. Me temo que, con estos datos comiciales, quien pueda resentirse un poco más sea la unidad establecida por el PP y el PSOE, en su Ley de Partidos contra el terrorismo, y por las libertades¿ Y a propósito : ¿quién se va a responsabilizar de que, con toda probabilidad, y a través del caballo de troya de los comunistas de la tierras vascas, el terrorismo pueda contar con posibilidades de representación parlamentaria¿? Hay que preservar a toda costa la realidad de una comunidad que, además de vivir azotada por una presión ambiental inaguantable, es hogar de cientos de miles de compatriotas, con perfecto derecho a pensar que no los vamos a dejar en una cuasi permanente estacada.) Efectivamente, el padre Gonzalo y yo hablábamos de Dios, de poesía y de amigos. Él tenía muchos; desde los Condes de Barcelona, a cuya solicitud -en los tiempos de «Villa Giralda»- preparó para la Primera Comunión a la Infanta Margarita, hasta Lucía de Jesús Dos Santos, más conocida por Sor Lucía, la «pastorcilla» de Fátima, a quien el Padre Gonzalo confesó -en su «etapa» portuguesa- y a la cual captó para el Carmelo. Bajo el escapulario de la Madre del Carmen, han muerto los dos, con un intervalo de pocos meses. Muy apreciado fue nuestro P. Gonzalo, por estas personalidades y por los feligreses de la parroquia leonesa de San Lorenzo, de León. Contó si, con innumerables amigos. Yo tuve el privilegio de ser uno de ellos.

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