Diario de León
Publicado por
MIGUEL A. VARELA
León

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LAS VISITAS de los presidentes a las tierras recónditas tienen estas cosas de ingeniería política que hacen arder los despachos, calentar los teléfonos y disparar los nervios tanto de los escogidos como de los que esperan llamada. Las visitas de los presidentes a los territorios de censo menguante y más pasado que futuro crean estas tensiones porque todos nos jugamos mucho, la situación no está para bromas y la dependencia del Consejo de Ministro aprieta. Son visitas que se adivinan cargadas de regalos, como aquellos que traía el tío de Suiza cuando volvía en agosto con un coche enorme y unas primas levemente pecaminosas que luego ponía Pereira en los cuentos. Por eso la comarca está pendiente de la chistera del presidente, de la que esperamos ver salir conejos con los que ir tirando. Lo contó Friedrich Dürrenmatt en la obra de la vieja dama convertida en multimillonaria que regresa un día al pueblo del que se vio obligada a marcharse tiempo atrás. También Luis García Berlanga en aquella genial parábola de la España pobre que le pedía a Mr. Marshall un tractor o un indio al que convertir. Ahora esta provincia está pendiente del hombre que convirtió sus iniciales en marca de éxito y todos queremos creer que viene dispuesto a tirar de talón: un parador por aquí, un centro de investigación por allá, quizá el anuncio de la compra de esa vieja reliquia industrial, quien sabe si incluso una oferta para mediar en el conflicto de los abogados de este lado del Manzanal con los de la capital, que se han puesto a abrir expedientes con energía digna de mejor causa. De momento, es la visita del año. Ojalá sea también la del siglo.

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