Diario de León
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VICENTE PUEYO
León

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CONCENTRADOS como están en la producción de humo, a nuestros responsables públicos se les nublan las entenderas y a los súbditos se nos ponen los ojos como de risa con tanto incienso volátil. Lo último del presidente de la Junta, que nos quiere restaurar las vidrieras de la Catedral en cuatro años, ha causado mucha sensación entre el común y regocijo diurético entre los entendidos en la materia. En lugares como Alemania, donde tienen extrañas costumbres como la de mantener abiertos durante todo el año los talleres de restauración de vidrieras, no se comete la osadía de marcar plazos concretos a un trabajo como al que aquí se plantea; y menos, un plazo tan limitado. Uno de los especialistas más prestigiosos y respetados en este campo, el alemán Ernst Bacher, se atreve a aventurar que para una actuación de este tipo habría que hablar de décadas, quizá de medio siglo. O sea, otra filosofía: frente a la temeridad cortoplacista, la sensatez del trabajo bien hecho. Da la sensación de que a Herrera le ha fallado la asesoría; quizá falte en su departamento asesor un medievalista avezado que le hubiera aconsejado algo tan sencillo como volver los ojos a la Edad Media. Esa época penumbrosa en la que la construcción de catedrales era una industria multidisciplinar de primer orden. Ahora, como hemos avanzado que es una barbaridad, somos incapaces de concebir y de organizar como una empresa de largo plazo un taller de restauración en el que trabajen y se formen, pausada y adecuadamente, quienes deben afrontar una tarea tan delicada. Pero, claro, es más fácil seguir regalando cajas de humo. Hasta que nos intoxiquemos.

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