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MANUEL ALCÁNTARA
León

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ES CURIOSO que quienes más protesten por las uniones entre homosexuales, quizá porque han dado en llamarlas matrimonios, sean los solteros. Monseñor Rouco Varela, al que hay que suponerle vastos conocimientos de Historia, ha dicho que «la familia atraviesa los momentos más difíciles de su historia». Creo que es mucho decir y lo digo con todos mis respetos. Y si no con todos, con algunos. ¿Cómo impedir que dos personas del mismo sexo no sólo se quieran, sino que se quieran mucho? Está claro que puede haber parejas compuestas por Romeo y Romeo o por Julieta y Julieta. Cupido es muy travieso. «Ciego que apuntas y atinas, caduco Dios y rapaz, vendado que me han vendido y niño mayor de edad», dijo Luis de Góngora, que también era soltero, pero con compromiso. Se entiende por familia el indiscriminado conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje. Con frecuencia se convierten en un clan. «A los tuyos con razón o sin ella», dice nuestro refranero. Familias hay muchas: las que permanecen unidas y las que desunió una herencia, sin contar a las que acordaron no verse mucho para evitar discutir y, lo que es peor, querer llevar razón. A mi parecer, el monseñor exagera algo al decir, aprovechando la festividad de aquel sublime vago que fue San Isidro, que la institución atraviesa un período «tenebroso». Es cierto que hay unas enormes facilidades para divorciarse, pero también lo es que el divorcio no es obligatorio. Muchas parejas no desean separarse, quizá porque hayan encontrado en el matrimonio toda la felicidad compatible con el vínculo. No creo prudente animar a la afición a manifestarse en contra del Gobierno. Al César lo que es del César, aunque el actual sea sólo un centurión amable. La Santa Madre Iglesia recibió el año pasado 138 millones de euros procedentes de las santas arcas del Estado. Vamos a llevarnos bien.

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