Diario de León

EN EL FILO

Del improperio, el olvido y de lo que aquí importa

Publicado por
FABIÁN ESTAPÉ
León

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ES OBLIGADO hablar del reciente debate sobre el estado de la Nación. Se trataba, como es sabido, de un torneo escasamente reglamentado, y mas de una vez a primera sangre, entre el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero y el actual presidente del PP, Mariano Rajoy Brey. Debo confesarles que una gran parte del rifirrafe, rozando de manera abrupta los techos que delimitan la cortesía e incluso la buena fe contribuyó, en no escasa medida a acrecentar el grado de crispación que el país está soportando en los primeros meses del presente año. Con todo, y extremando mi benevolencia, he de procurar no echar sal a las heridas: valga, sin embargo mi absoluto rechazo a unos modales en almoneda que llevaron al señor Rajoy Brey a acusar al presidente del Gobierno de «traicionar a los muertos». Aquí se refería al cerca de un millar de españoles, hombres, mujeres y niños. Nadie se había apoderado de ello, ni tampoco de sus familiares: utilizar las víctimas como munición con vistas a unas elecciones próximas o lejanas no se compadece con la imagen que teníamos del señor Rajoy; es el primer Registrador de la Propiedad que pronuncia semejante, diríamos infamia, amparado en inmunidad parlamentaria. Esto basta para detener el enjambre de querellas en marcha. Tampoco me extraña, aun cuando lo lamente, el hecho de que la sombra del señor Aznar sea tan alargada. Pero quiero decir algo, sobre todo a los leoneses, huérfanos, a mi modo de ver de una situación respetable en el proceso de la política y de la política económica. Llevo, profesionalmente centrado en los estudios del desarrollo regular, aproximadamente desde 1960, en compañía de colegas generalmente de la Universidad Complutense, Enrique Fuentes Quintana, Juan Velardo Fuentes y José Luis García Delgado entre otros. No les voy a ocultar que algo hemos logrado desde la barbacana de la Ciencia Económica: «ensanchar el caletre de los españoles» como querían los precursores en la ilustración promovida por asturianos. Y la verdad, hemos logrado que este país no siga sumido en la miseria y que viviendo ilícitamente en capital humano pueda realmente vivir y sentir como en los más adelantados consorcios de la Unión Europea. Por esta razón, y dada mi privilegiada situación en esta ciudad comprenderán que desde hace años siga la temperatura económica de León, y también la del antiguo Reino de León y me preocupa saber que la provincia de León es la que registra en 2004 el mayor déficit demográfico en las 50 provincias españolas. Es malo recordar (¿verdad?) que Lenin quien dijo que el veredicto popular «lo dan los que votan con los pies». Pues bien, el célebre debate sobre el estado de la Nación nos indica que mientras el presidente del Gobierno citó varias veces a León y el Plan Oeste, comprendido, claro está, Zamora y Salamanca, la cuestión por lo visto no entraba en la cavilación de Rajoy. Y esto es grave porque cualquier estudio serio de esa extensa Comunidad que es Castilla y León, demuestra el empobrecimiento relativo de las provincias del Oeste. Afortunadamente, los debates, acuciados por la proximidad de las decisiones que puedan adoptarse en Bruselas con los Fondos Europeos -sobre todo el de cohesión (el conseguido por Felipe González a pesar de la «patriótica» ayuda de Aznar manifestando lo avergonzado que se sentía al ver que el presidente del gobierno español se comportaba en el extranjero como un pedigüeño-. Gracias al mendigo han ganado a la economía española y llegaron a Castilla y León cerca de 9.000 millones de eso que los cursis llaman las antiguas pesetas. Pero, hay algo más. Los especialistas en desarrollo regional, hemos contemplado con cierto estupor en unos tiempos que la Historia de España siempre acreditará en el haber del gran político que fue Adolfo Suárez, que -por esa extraña perduración que los provisionales siempre suelen tener en España- toda la arquitectura de lo que con gran acierto viene llamándose el Estado de las Autonomías se apoyaba en la propuesta llevada a cabo por Javier de Burgos en 1833. Vean como ejemplo lo que se han conservado los límites de la Rioja, Murcia, Cantabria, Asturias, Canarias, Baleares y otras. Los problemas surgen al analizar los resultados del juego de las provincias para configurar la entidad intermedia entre el Estado y la provincia, la conservación de la realidad económica, política y social, hoy son el sosiego del economista responsable que procura o ha de procurar siempre «arrojar una corriente de aire frío en la habitación con la atmósfera viciada» como aconsejaba Alan Peacock. Lo que aquí se hizo, en el calor de años de improvisación forzada, ha servido para crear «la comunidad más extensa de Europa Occidental; lo malo que, a la vez, es la más despoblada, en algunos casos con tintes de gravedad, y también la mas pobre. Quisiera terminar recordando unas apretadas lecciones sobre desarrollo regional que nos daba en Princeton, Albert O. Hirschman, autor de la caudal The Strategy of Economic Development . Y de ellas sobresalía a la advertencia de que cuando las autoridades quieren proceder a una aglomeración de (estados) o provincias, han de tener máximo cuidado para no cercenar las posibilidades de los «polos de desarrollo naturales». Y esto se hizo con León hace unas cuantas décadas. Seria bueno que en esta etapa de grandes reformas se corrigieran también los errores de antaño.

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