Diario de León
Publicado por
JOSÉ CAVERO
León

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A LOS cuatro artefactos que ETA hizo estallar el pasado fin de semana se han sumado otros dos, esta vez en Zarautz, todos en Guipúzcoa. ¿Tienen algún significado especial, en un momento en el que el Gobierno ha planteado y obtenido del Congreso de los Diputados autorización para dialogar con la banda armada? Posiblemente tienen interpretación: la banda terrorista sigue diciendo que tiene capacidad para atentar, y cabe suponer que también para matar, si se lo propusiera, que parece que, por el momento, no es su voluntad. En todo caso, a medida que transcurren los días, se hace más larga y más tensa la espera, cabe suponer, de un Zapatero entre dos fuegos: los etarras y los de Rajoy, las víctimas del terrorismo y una parte de la opinión pública y publicada, que no terminan de ver la utilidad y conveniencia de una oferta de diálogo a los asesinos etarras. Rajoy, cuyo liderazgo escasamente sólido al frente del partido estimula a poner en duda el propio Fraga, que une la suerte de ambos a los resultados de las elecciones gallegas, insiste en la filosofía global de su partido, al proclamar: «Cuando uno se sienta con los terroristas ya han perdido él, la democracia y la decencia», algo perfectamente aplicable a Suárez, González y el propio Aznar, que también lo intentaron con anterioridad. Lo intentaron, por cierto, sin consultar al Congreso, no como ahora. Pero cada uno está «a lo suyo»: ETA coloca y estalla bombas, y el Estado, por los procedimientos judiciales adecuados, se dispone a actuar contra Otegi por pertenencia a banda armada. De manera que nadie baja la guardia y cada cual emplea la fuerza que tiene.

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