DESDE LA CORTE
Seamos realistas: se acaba el maná
EL PRESIDENTE del gobierno está desencantado. Por tanto, todos debemos estar desencantados. La historia es sencilla y triste para nuestros dineros públicos: se acaba el maná de Europa. Desde 1.993, nuestro país es el gran beneficiado de los Fondos de Cohesión europeos que perciben también Irlanda, Grecia y Portugal. Sólo en los últimos seis años hemos recibido cerca de dos billones de pesetas como caídos del cielo. A ellos se debe gran parte de nuestro crecimiento y todas las inversiones del Feder, el Fondo Social Europeo, el Fondo de Orientación y Garantía Agrícola y el Instrumento Financiero de Orientación Pesquera. Y eso se acaba. Tiene fecha límite en 2.007, por dos razones. Una, la ampliación de la Unión, que hace que «los nuevos» tengan necesidades más visibles. Otra, que nuestro nivel de renta va a superar el límite previsto para acceder a esos beneficios: está establecido en un 90 por 100 de la media comunitaria, y España alcanzará el 92,4 cuando se produzca el ingreso de los nuevos socios. Las únicas excepciones que serían las regiones españolas que están por debajo de esa media. Dicho de otra forma, somos más ricos, y nos toca pasar de receptores a contribuyentes en vez de receptores. Lo difícil es mantener las inversiones y las atenciones sociales sin ese dinero. Ese es el drama que se nos viene encima. A mí, como a cualquiera, me gustaría ponerme a la cabeza de la manifestación que proclama lo injusto de todo esto. Me gustaría ser como Rajoy y poner a caldo a ZP, porque bajo su mandato nos quedamos sin maná. Pero eso, ¿a qué conduce? A nada práctico. Lo más realista es reclamar que la pérdida de ese dinero sea gradual, y ahí es donde se puede criticar a nuestro gobierno: hizo concesiones a los amigos francés y alemán sin garantizar a cambio su apoyo en esta materia. Schröder y Chirac han correspondido con sonrisas, fotos y abrazos, pero no ofrecen síntomas de socorrer al nuevo amigo español. ¿Mi consejo a los lectores? Que sean pesimistas. Miren cómo está el panorama. Hace unos años, Schröder le echó en cara a Aznar que parte de nuestro crecimiento económico se debía a la aportación alemana, y es seguro que sigue pensando lo mismo. Hace sólo unos días, el secretario del Foreing Office británico nos echó en cara que nunca habíamos aportado a la Unión «ni un solo penique», y está deseando cobrarlo. Y ningún otro gobierno europeo sabría explicar a sus ciudadanos algo tan extraño como esto: si España crece más que todos ellos; si crea más empleo que todos ellos; si construye más casas que todos ellos, ¿por qué nos tienen que dar dinero? Ande, vaya usted con esos datos, y dígales que, encima, necesitamos su caridad. Le mandan a hacer puñetas.