Diario de León
Publicado por
RAMÓN PI
León

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LA MAYORÍA de políticos e intérpretes del fracaso de la Constitución europea en Francia y los Países Bajos ha pretendido explicarlo ofreciéndonos una amplia panoplia de emociones, argumentos, actitudes, temores, indignaciones de la derecha, del centro, de la izquierda, de la extrema izquierda y la extrema derecha. Hay de todo menos aventurar siquiera que, a lo mejor, los que han votado «no» lo han hecho porque no quieren esta Constitución, en unos u otros aspectos que les parecen suficientes para rechazarla. Esta actitud de los entusiastas del «sí» es bastante inquietante, porque pone de manifiesto que no tienen el menor propósito de enmienda. En los referéndums francés y holandés lo que ha habido, a mi entender, ha sido un desajuste grave y de fondo. La Constitución es un patente y escandaloso caso de despotismo ilustrado anacrónico, sólo sostenible si esta mentalidad paternalista se aplica a todo el proceso. Lo que no podía funcionar, y no ha funcionado, era hacer esta Constitución, y luego, en lugar de hacérsela tragar a la gente sólo por la vía parlamentaria, más controlable, los déspotas ilustrados se han querido adornar con la medalla de un referéndum. Y, claro, a la gente le han dado la oportunidad de decir que no, y ha dicho que no, para pasmo de los déspotas ilustrados, que ahora se quejan amargamente: «Si es que no se puede dar libertad, porque entonces cada cual hace lo que quiere». Lo que a ellos, obviamente, les parece intolerable. ¿Y en España? Tengo para mí que si aquí el referéndum se hubiese celebrado después de Francia y los Países Bajos, el resultado hubiera sido otro.

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