Diario de León
Fermín Bocos

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EL GOBIERNO tiene demasiados frentes abiertos. Ha perdido el consenso con el PP en la lucha antiterrorista; los obispos salen a la calle no en días de procesión sino de reflexión, en vísperas electorales; a los nacionalistas catalanes les ha entrado prisa por atacar con el fórceps el Artículo nº 2 de la Constitución, y en Europa con el asunto de los fondos de cohesión tenemos un panorama nada halagüeño. Pese a ello Zapatero, no ve razón objetiva para estar preocupado. ¿Cuál es el secreto? ¿Autocontrol? ¿Distanciamiento de los problemas a la manera como Brecht aconsejaba a los actores que se situaran respecto de los dramas que representaban? Pues no, parece que la explicación última que aclararía el porqué de la tranquilidad -rayana según algunos en el pasotismo- con la que el presidente encara estos problemas, y algunos otros de menor cuantía, hay que buscarlo en las encuestas. Son la aguja de marear de esta temporada en La Moncloa. Los matrimonios entre gais, el eventual diálogo con ETA si dejan las armas o qué piensan los ciudadanos acerca de la reforma de los estatutos de autonomía, son cuestiones que han sido consultadas por las empresas de demoscopia para el Gobierno. Bush no da un paso sin consultar en la Biblia el versículo correspondiente a cada jornada y Zapatero hace lo mismo con las encuestas. En la antigua Roma era el estado del hígado de las ocas o el vuelo de los cuervos el que determinaba la decisiones del césar; pasar del arúspice al encuestador, a la hora de decidir la agenda del día, según cómo se mire no deja de ser un indicio de progreso.

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