Diario de León

DESDE LA CORTE

Quintana, el llanero solitario

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FERNANDO ONEGA
León

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SALIÓ a la arena en las peores condiciones. Su fuerza política, el BNG, acababa de pasar la «crisis Beiras», con síntomas de querellas internas. Estaba embuchado entre el poder de Madrid, que siempre atrae, y el poder de San Caetano, que tanto maneja. Era todavía un desconocido para la mayoría de los gallegos, que lo habían visto de buen alcalde en Allariz, pero sólo una vez pudieron comprobar su talla dialéctica en un gran escenario: el día que interpeló a Zapatero en el Senado. Contaba con el eco informativo de la prensa independiente, pero sin ningún apoyo expreso a su causa. Algún medio nacional llegó a llamarle «batasuno», en otra muestra de la distancia que separa a Galicia de los centros de opinión. Y, encima, era su estreno como líder. Es decir, la gran incógnita. Anxo Quintana fue la gran incógnita de esta campaña. En estos quince días se ha jugado todo: su consagración o su ruina, sin términos medios. Cuando quedan dos días de pelea, hay que decir también que Quintana ha sido la gran revelación. Maneja bien el mitin, aunque también hay que decir que cuenta con la militancia más entregada. Quienes lo han tratado en proximidad lo definen como retraído, tímido y algo distante. «Más que nada, desconfiado», matiza una persona de su equipo. En cambio, entre la multitud de las banderas y las pancartas, ofrece la imagen contraria: seguridad -quizá la seguridad de verse arropado por los suyos-, ausencia de miedos y con un discurso entendible. Tanto es así que, si llega a gobernar como segundo de Pérez Touriño, le puede hacer sombra al líder socialista. A este cronista le gustado su soledad. No tuvo, como Fraga, el apoyo de Rajoy. No contó, como Touriño, con el manto protector de Blanco y Zapatero. Es que el nacionalismo no tiene instancia superior. Termina en Anxo Quintana, y más arriba, Castelao. Tiene vecinos ideológicos, pero no están los tiempos para lucirlos por Galicia. ¿Qué beneficio le reportaría traer a Ibarretxe o Imaz al principio de la campaña? Sólo le daría una imagen de tensión. ¿Y qué le podría aportar Carod-Rovira, aunque sea de izquierdas como él? Espantaría incluso a sus votantes más fieles. Quintana quiere ser como Carod en el reparto del poder, pero sin su contaminación electoral. Esta noche termina, como todos, su campaña. Creo que ha cumplido bien. Ha sido el destinatario fundamental del mensaje del miedo, pero se dio por aludido sólo lo justo. Palpó la ausencia de la grandeza de Beiras, pero no se dejó llevar por la nostalgia. Y tuvo dos vientos a favor. Uno, que pocos se atreven a combatir de frente al nacionalismo gallego. Y el segundo, que el PSOE no le puede criticar, porque ningún novio critica a su pareja delante del altar.

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