EN BLANCO
Pancarteros
INSTALADOS en un estado de excitación que roza el fanatismo más pueril, corren rumores por Madrid de que los máximos dignatarios del PP -Acebes y Zaplana, el dúo de la Africana- están dispuestos a convocar una nueva manifestación en la que se pedirá al luciferino Gobierno de Zapatero el nombramiento de Ana García Obregón, una vez que ha roto las amistades con Televisión Española, como próxima ministra de Cultura y siliconas varias. Le han cogido el gusto al puntito callejero y pancartero, transformados en un ejército de Pancho Villa que expone en plaza pública, gimiendo como maridos engañados, toda una retahíla de agravios. También la Iglesia católica anda metida en aleluyas. En su caso se trata de condenar el matrimonio gay, dando rienda suelta a todos los demonios familiares, religiosos y sexuales de tan sacrosanta institución. Están en su derecho, por supuesto, aunque voces prudentes como la del obispo de Gerona opinen literalmente que «recoger firmas y manifestarse no son opciones propias de la jerarquía eclesiástica». Y más en asuntos tan civiles y particulares como los juegos que se libran entre el colchón y la almohada, acabados ocasionalmente en unión hetero u homosexual, que de todo hay en la viña del Señor. Pero bueno, allá ellos si pretenden cambiar las cerraduras al mundo de la realidad, instalados en una nebulosa Jesúslandia donde se considera al matrimonio y a la familia como un derecho cuya propiedad corresponde en exclusiva al más rancio conservadurismo de sacristía. Así que vamos todos con flores a María y al grito de Santiago y ¡cierra España! Vaya un sainete.