CRÓNICAS BERCIANAS
Políticos, padres y obispos
MUCHAS veces, los periodistas caemos en la trampa del político cuando nos hace creer que lo que dice es lo que más interesa a la población. Craso error. En ocasiones, la política llega a saturar, y ya ni les cuento si entramos en batallitas internas de partido local. Que si andan a gorrazos en el PP del Bierzo; que si aún no han sacado la albaceteña en el PSOE para encaramarse a la lista del Ayuntamiento de Ponferrada (Roberto Rodríguez versus Ricardo González Saavedra); que si los de la UPL se tiran al monte y la emprenden con el gallego; que si no distinguimos la pureza del bercianismo del PB (Iván Alonso) o la del PRB (Tarsicio Carballo); que si IU se rearma con el fornido y afable Miguel Ángel Fernández. Nada. Todo esto es de consumo interno, para ego de la tropa política y del resto de los que están en la pomada. Al gran público, creo, le van las cosas sencillas. Algo que le estimule para avanzar. Ahí radica la felicidad. A veces, se discute por tonterías políticas, por el sexo de los ángeles, por rivalidades deportivas. Pero, si nos detenemos un momento y colocamos la cámara vía satélite, no deja de ser una escena ridícula e impropia de alguien con un mínimo de raciocinio. Aunque entiendo que es necesario estar entretenido en lo cotidiano para sentirse partícipe de algo que debe ser interpretado, subjetivamente, como importante. Me impresionan, por ejemplo, las lágrimas de quien llora al perder un partido para la fase de ascenso. Hace unos días presencié una escena tierna y dura como la vida misma. En una tienda de vestidos de novias entraban dos mujeres jóvenes. Una, llevaba cara de felicidad y la otra, no tanto. La primera se iba a probar el vestido. La segunda, eso creía la empleada del establecimiento. Resulta que tenía todo preparado para casarse el próximo mes. Se había enamorado perdidamente de su novio. Había comprado otro coche sin vender el viejo, e incluso se encargó del traje de su futuro partener. Lo malo o lo bueno para ella, -según se mire-, es que se dio cuenta que lo que iba a hacer no colmaría su felicidad. Y dicho y hecho, dio puerta a su novio, que por cierto, ya se le había metido en casa. Tenían ustedes que ver la cara enmudecida de la dependienta. La presunta novia, tan pancha, ni se inmutó. Le dijo que el vestido lo pagaba y que se lo llevaba de recuerdo para casa. Sencillo como la vida misma. Y para que no me tachen de derrotista político, creo muy importante el paso dado por el Consejo Comarcal del Bierzo. En su convenio laboral han incluido conceder, a mayores de la madre, un mes de permiso para los padres trabajadores de la institución, para que puedan atender a su recién nacido. Igualdad de oportunidades, que le llaman. Es bueno abrir caminos, y ya llegará la equiparación de lo público con lo privado. Por cierto, para cerrar este corolario, no se me ocurre mejor cosa que tirarle de la oreja a una parte de la izquierda y de la derecha. Hay quien se rasga las vestiduras por ver a un cardenal y obispos en una manifestación. Ciertamente llama la atención, pero, ¿Quién reparte los carnés para poder manifestarse?. En el fondo es un avance que la jerarquía eclesiástica, la más retrógrada, se manifieste. Así avanza una civilización.