LA VELETA
Amarga victoria de la izquierda
LA LEVE derrota del PP (37 escaños) tiene algo de espejismo. Porque son muchos años de gobierno superados con muy poco desgaste. Porque fue necesaria la conjunción de todos los astros para quitarles provisionalmente la mayoría absoluta. Porque muchos votos emitidos ayer fueron un reflejo tardío del tsunami que arrasó el aznarismo. Y porque nada sería igual si Fraga no hubiese desafiado a los gallegos con una candidatura muy arriesgada y sin más lógica que su buena estrella. Pero, como decía Lucano, «nunca ocultará la caída la gloria de haber subido». Y por eso es el momento de rendirle homenaje de admiración al hombre que superó todas las marcas electorales, que desmintió varias veces los mejores pronósticos, y que sólo por su tozudez personal, que es defecto y virtud al mismo tiempo, impidió que su partido le despidiese con mayoría absoluta. A partir de hoy se llenarán los periódicos de comentarios que profetizan el pasado, y muchos de los que han adulado al hombre poderoso e intratable que dirigía la Xunta, volcarán sobre el líder ligeramente tocado sus graves frustraciones. Pero a mí me gusta hacerlo al revés: criticar honradamente al que gobierna, y reconocer el valor del viejo guerrero que encara el final de su trayecto. Y puedo asegurarles que es ahora, cuando está en principio derrotado, cuando veo su figura con más cariño y respeto. Claro que, a la espera del voto emigrante, nada oscurece la victoria provisional de Touriño y Quintana. Sus méritos personales son indudables, aunque su forma de hacer la campaña no llegó a convencer a los gallegos de que la gestión del PP hacía aguas, y de que era necesaria una clara regeneración de la política. Si finalmente desalojan al partido que ocupó la Xunta durante 21 de sus 23 años, las elecciones de ayer serán un hito político de grandes proporciones, ya que, más allá de hacer posible la alternancia democrática, deberían iniciar una cascada de cambios de enorme calado social y político que por ahora queda a merced de un voto emitido desde fuera.Nunca oculté mi convicción de que Fraga gobernó con directrices equivocadas. Creo que hemos perdido mucho tiempo y recursos en una política clientelar que retrasó nuestro desarrollo. Y por eso veo a la inexorable coalición PSOE-BNG enfrentada a un enorme reto de futuro, del que Touriño y Quintana ya hablaron lo necesario ayer por la noche. Yo mismo, como analista político, tendré que hacer un giro copernicano, porque sólo faltan cien días para que empiece a criticar a los que hasta ayer mismo fueron mi esperanza. Salvo que vengan lo emigrantes, que puede ser, y lo dejen todo como estaba.