EL BALCÓN DEL PUEBLO
La suerte está echada
LA SUERTE está echada. No hay suspense que valga. Aunque lluevan recursos e impugnaciones, más para enredar que con base jurídica, el socialista Emilio Pérez Touriño (25 diputados), con el apoyo del Bloque Nacionalista Galego (13), será el nuevo presidente de la Xunta de Galicia. Los gallegos, en las votaciones del 19-J, como en las de la diáspora del 27-J, han despedido a Manuel Fraga. Le concedieron vitola de triunfador, pero sin otorgarle credenciales para gobernar. El viejo patrón, tras cuatro legislaturas de poder absoluto, pasará a la oposición. Es la voluntad de los gallegos, tanto del interior como del exterior. En la consulta interior cayeron seis puntos. En la exterior, o sea, en la «quinta provincia» gallega, el trompazo ha sido más brutal: perdieron más de quince puntos porcentuales. Galicia, pues, despide a Fraga con saudade y pide el cambio. Los resultados del voto emigrante son una fotocopia de los escrutados ocho días antes. Vaticiné el día después que casi era matemáticamente imposible que los populares recuperasen el escaño 38. Necesitaban el milagro del 66% de adhesiones en Pontevedra. En la provincia de Mariano Rajoy, de Palmou y de Cuiña, precisamente en la que sufrieron la mayor pérdida: dos diputados. Ni un sólo jerarca popular creía en el vuelcoY nada cambió, claro. El PP alargó la ficción hasta darse de bruces con la realidad. Una realidad que las urnas plasmaron con estos datos: el PP sumó el 49,6%, mientras los socialistas llegaron al 46%. El que menos dudas tenía era Manuel Fraga. Aprovechó el fin de semana para pescar en el Sella y en el Cares. No cobró ni un ejemplar de salmón, porque a Fraga no se los enganchan en el coto de La Molinuca como a Franco. Fraga es un fajador y un esforzado. El que sí cobró pieza fue Nacho Villa. Ayer dimos cuenta, con mantel y vino, de un magnífico trofeo. Digo que Fraga tenía la certeza de que la «quinta provincia», la de la diáspora, no le iba a mantener en la presidencia. Desde el sanedrín popular se anuncian recursos e impugnaciones. El primero que sabe de su inutilidad es Manuel Fraga: ¿Para qué?, se interrogó. Más pragmático se ha definido Mariano Rajoy. Han sido desalojados de su feudo emblemático y Rajoy ya ha encajado el golpe con resignación democrática: «¡Qué le vamos a hacer!». Manuel Fraga nació para mandar, pero también ha demostrado que no se le caen los anillos por sentarse en la bancada de la oposición. De momento, es lo que hará. Sin embargo, los tiempos que se avecinan van a traer numerosas marejadas a Galicia. Queda abierta la sucesión. Y no es lo mismo manejarla desde el gobierno que desde la oposición. Llegarán las batallas épicas, a sangre y fuego, que decían los clásicos, entre los clanes de la «boina y del birrete». Galicia necesita desterrar a los señores feudales, pero éstos se resistirán hasta los últimos alientos porque en sus territorios anidan los votos. En Galicia se abre un tiempo a medio camino entre la incertidumbre y la esperanza. Ha entrado la brisa por la ría de Arousa en vísperas del Día del Orgullo Ciudadano de gais y lesbianas, cuando el Foro de la Familia prepara para hoy otra manifestación, y cuando el Congreso se dispone mañana a aprobar la ley que otorga derechos a quienes no los tenían.