Diario de León

DESDE LA CORTE

Galicia ante un cambio histórico

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FERNANDO ONEGA
León

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GALICIA se encamina hacia un momento histórico: el relevo de un personaje de gran dimensión humana y política como es don Manuel Fraga y el acceso al poder de una alianza socialista y nacionalista. Se trata de un cambio de signo sin precedentes en la Comunidad. Habrá un relevo importante de personas, una orientación general de la política diferente, prioridades distintas y una nueva cultura, porque se pasará de algo parecido a un «régimen presidencialista» a los hábitos y tensiones de un gobierno de coalición. Tal suma de circunstancias hace que la atención nacional se empiece a fijar en cada uno de los pasos que den los señores Pérez Touriño y Quintana. Y éstos son los estados de opinión suscitados: euforia en la izquierda por conseguir gobernar en un feudo tradicional del PP que parecía inexpugnable; expectación ante el programa que se empieza a redactar; curiosidad ante el reparto de poder, e inquietud ante la posibilidad de que, de manos del BNG, Galicia se convierta en el nuevo foco de tensión territorial. Esta relación es un posible índice de los análisis que habrá que hacer en los próximos meses. Hoy, cuando comienzan los trabajos para llenar de contenido la nueva etapa, conviene señalar las condiciones mínimas para afrontar con éxito la experiencia. Son, en principio, las siguientes: Primera, transparencia. No estamos ante un «arreglo» para facilitar la gobernación, al estilo del acuerdo del PSOE-Esquerra. Estamos ante una coalición, y eso exige pactos concretos, detallados y públicos, de forma que ninguno de los partidos se deje llevar por sus intereses locales y electorales. Segunda, conciencia de que son partidos de gobierno. Eso exige abandonar la utopía y plantear metas ambiciosas, pero posibles y, desde luego, acordes con la Constitución. Tercera, la estabilidad. Podemos estar ante aventura temporal o una alianza larga. Para conseguir esto último, es preciso que estén vinculados por un programa, y no sólo las ansias de terminar con el fraguismo. Cuarta, la generosidad. La deben poner de manifiesto a la hora de los nombramientos. No se puede exigir más de lo que sugiere el número de escaños, pero tampoco se puede conceder menos. Y quinta, gobernar para todos. No es una frase. Es que el Partido Popular, aunque sea el apartado del poder, es el partido mayoritario, a sólo un escaño de distancia. Marginarlo, además de ser injusto, sólo valdría para crear crispación. Con estas cinco bases se puede comenzar a andar. El resto, lo que ayer dijo Quintana sobre la deuda histórica, el cupo o la nación, es una forma de empezar a andar. Supongo que habrá rebajas. De lo contrario, el propio Zapatero será el primero en empezar a sentir nostalgia de Fraga.

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