Diario de León
Publicado por
MARIA J. MUÑIZ
León

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LA PERVERSIÓN del lenguaje político ha llegado a tal punto que no sólo se quiere decir justo aquello que se calla, sino que se aplica a discreción aquello de «al revés te lo digo para que me entiendas». Pero cuando hablamos el lenguaje político-electoral la perversión deja de ser tal para convertirse directamente en mentira. Sólo que lo políticamente correcto (que no es otra cosa que lo contrario a lo que nos molesta oír) no permite llamarlo así. En las recientes elecciones gallegas el retorcimiento ha llegado a su máxima expresión, provocando un fuerte retortijón en los cerebros que permanecen mínimamente engrasados. Los números, tan fáciles de manipular a veces, dejan las cosas claras en lo que a votos y porcentajes se refiere: el PP con Fraga de candidato ha acaparado la mayor parte de los escaños y las papeletas, ha quedado al borde de la mayoría absoluta; por delante del PSOE y del BNG. Al final el derecho legal a coaligarse ha permitido que Touriño sea presidente con el apoyo nacionalista, como en tantos lugares. Pero esto no convierte al PP en perdedor, como se ha repetido hasta la saciedad. Hasta dónde vamos a llegar en la interpretación torticera e interesada de los hechos. Mayor perversión aún es la coletilla del «voto mayoritario de progreso» para denominar a la amalgama de minorías que conforman las mayorías suficientes. Tachar al voto conservador de trasnochado o retrógrado es una visión pobretona que no beneficia a nadie. La política de coaliciones del PSOE es perfectamente legítima. ¿Por qué pervertirla con mentiras?

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