Diario de León
Publicado por
RAFAEL TORRES
León

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EL AUMENTO disparatado de los cultivos de regadío en zonas secas de España reclama un aporte hídrico cada vez mayor, pero ya no hay de dónde obtenerlo: ni llueve, ni queda agua en los embalses de las regiones desde donde se trasvasaba. Pero si el aumento irracional de los regadíos, que son más lucrativos que los cultivos de secano, encona el problema hasta situarlo en la esfera de la más fiera pugna territorial y política, otros aumentos, otros disparates y otras irracionalidades, también muy lucrativas para algunos, concluyen por desquiciar el problema de la sequía, de la sed, hasta alejarlo de cualquier esperanza de pronta solución: la urbanización desaforada, particularmente en el Levante costero, y los puñeteros campos de golf plantados en los desiertos. Cuando se planea construir una urbanización, conviene recordar que quienes la habiten lógicamente querrán beber, y ducharse, y lavar la ropa y los cacharros, y regar el jardín, y lavar el coche, y también, en fin, derrochar agua según les enseñó a hacer la sociedad del derroche. Pero si la lógica recibe una bofetada brutal ante la proliferación de ellas en lugares inadecuados, cae herida de muerte ante la no menos brutal de los campos de golf, cuya yerba no sólo necesita cantidades ingentes de agua para no morirse en menos de veinticuatro horas, sino que la consume sólo para sí, sin devolverla al terreno. De un lado, la sed, la sed de las plantas, de la tierra, de las personas; y de otro, el negocio, el negocio que trafica sin escrúpulos con un bien esencial, el agua, que es de todos. La poca que queda es de todos.

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