Diario de León

DESDE LA CORTE

Siempre nos quedarán las fotos

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FERNANDO ONEGA
León

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HEMOS FALLADO, rediez. Mira que lo habíamos hecho bien. Un excelente proyecto, según dicen. Una presentación emocionante, para quienes la han visto. Una bandera olímpica en el libro Guinnes de los récords. Unos emisarios dignos, guapos y potentes. Una reina querida en todo el mundo. Un presidente del gobierno espectacular, aunque sólo sea por haberse enfrentado a Bush y al Papa, hazaña poco frecuente. Unos deportistas que lucen mucho en las fotos. Y así, hasta trescientos, entre periodistas, sueldos públicos y otros figurantes de diversa condición. Eran, supongo que ya se ha escrito, como la armada invencible de Ruiz Gallardón, que quizá soñaba con la Olimpiada para iniciar otra tanda de obras que empeñasen a Madrid por otros cuarenta años, que es el último límite y plazo de las hipotecas. Si me permitís la confesión íntima, yo lo he sentido mucho. De hecho, escribo desde la pena y la desolación. No he llegado a llorar, porque reservo las lágrimas para la vuelta de vacaciones; pero me he puesto en el lugar de los especuladores, que ya habían calculado que unos juegos olímpicos revalorizan la ciudad en un veinte por ciento, más que la Bolsa; me he puesto en el lugar de cuantos usaron la palabra unidad y llegaron a pensar, supongo, que el 2.012 podría soldar lo que los nacionalistas desunen; me he puesto en el lugar de Carod-Rovira, ahora que los productores de cava le habían convencido de que estuviera a favor; y me he puesto, sobre todo, en el lugar de los crédulos, esperanzados e inocentes ciudadanos que aguantaron el despido olímpico de Madrid bajo un sol de cuarenta grados a la sombra en la Plaza Mayor. Lo malo de esto, a diferencia de la política, es que no tenemos a quien echarle la culpa. Ni siquiera a los elementos, siguiendo con el símil de la Invencible. Podía ser el fracaso de un alcalde del PP, pero allí estaba el jefe del PSOE para compartir el fiasco. A José María Aznar y a los aznaristas les apetecerá decir que esto pasa porque, con Zapatero, hemos perdido peso internacional, pero no está el ambiente para esos discursos. Así que, encima de tristes, nos hemos quedado sin muchas disculpas ni responsables, con lo que alivia tener a alguien a quien culpar. Eso sí: perder con París consuela mucho. París es una digna compañera de derrota. Perder ante Londres también presta algo de dignidad, sobre todo ahora que se celebra el segundo centenario de Trafalgar. Y, en todo caso, nos quedan las fotos. El milagro de este intento está en las fotos: Esperanza Aguirre con Ruiz Gallardón; ambos con Rodríguez Zapatero; y por allí, Mariano Rajoy. Todos fueron a compartir algo de triunfo, y todos comparten algo de decepción. Hay quien dice que ha sido como un ensayo general de consenso.

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