EL RINCÓN
La guerra de los mundos
¡QUÉ POCO DURA la alegría en la casa de los ricos! Se vivía en Londres la euforia olímpica cuando sobrevino la matanza de inocentes. Aunque al principio todo es confusión, hay quienes creen que el canallesco atentado terrorista pudiera haber tenido como escenario cualquier ciudad, en caso de ser agraciada como sede de los Juegos. Eso denotaría que Al Qaeda tiene una organización mucho más perfecta de lo que se supone y que el 11-M de Atocha puede repetirse sin necesidad de adquirir la Guía Michelín, o dicho en otras palabras, que nadie puede estar seguro. ¿Tendremos que acostumbrarnos a vivir con miedo? Por lo menos, a convivir con él. Es imposible designar un policía a cada ciudadano. El terrorismo tiene todas las de ganar hasta que no pierda definitivamente esta batalla contra todo. Estaban hablando, y van a seguir haciéndolo, del calentamiento global y del hambre. Los poderosos del planeta estaban hablando de Kioto y de la desnutrición de millones de seres humanos, cuando ha llegado el espanto. Aún no se sabe el número final de víctimas mortales, ni de heridos, pero ya sabemos todos que en cada uno de nosotros puede haber una víctima. Está claro que hay que luchar contra el crimen organizado por tanto Bin Laden pseudónimo cuya doctrina es exclusivamente el fanatismo, pero quizá fuera necesario cegar las fuentes de la desesperación. Si estas monstruosidades son posibles es porque hay miles de personas dispuestas a matar muriendo. Kamikaces con la muerte enroscada a la cintura aguardan su turno para hacer derramar sangre. Confían en que les reciban las huríes del profeta. Un paraíso para heterosexuales donde los zerolos han sido injustamente excluidos. Mientras existan desesperados no podemos esperar que mejore la situación. Se dice que el miedo es peor que aquello que se teme, pero quizá no haya nada peor que esto. Saber que cualquier vida humana depende de unos cuantos locos que andan por las calles y a los que nosotros hemos condenado a vivir inhumanamente.