BURRO AMENAZADO
Vuelve el castor
EL CASTOR europeo habitó los ríos del norte de España en tiempos antiguos, como lo atestigua el hallazgo de sus restos en yacimientos arqueológicos de época celtibérica, romana y medieval, hasta al menos el siglo VII. Era frecuente en las riberas de la cuenca del Ebro y Duero, y se achaca la desaparición a una persecución excesiva para hacerse con su carne y piel, quedando sólo la rata de agua como representante de los roedores anfibios talludos. Se presume que su acción de roer chopos, fresnos, alisos y sauces, construyendo diques que empantanaban el agua en los sotos, contribuyó a diversificar el paisaje ribereño y fomentar refugios para la pesca, los anfibios, las aves acuáticas y la nutria. En Galemys, el boletín informativo de la SECEM -Sociedad Española pata la Conservación y Estudio de los Mamíferos-, surge la noticia de nueva presencia de castores, en un tramo de unos 60 kilómetros de los ríos Aragón y Ebro, en Navarra y La Rioja. Parece que este nuevo núcleo procede de una suelta ilegal, realizada por ecologistas en la primavera de 2003, a partir de ejemplares procedentes de Baviera -Alemania-. Como hay roeduras finas, de ejemplares jóvenes, se supone que la especie ha logrado criar. Los núcleos salvajes más cercanos residen en el Ródano francés y el castor europeo es especie protegida, que rara vez impacta en los intereses humanos. Esto ocurre cuando poblaciones muy densas estropean algunos chopos plantados o ciegan tuberías hidráulicas. Las madrigueras a base de tocones, restos de cortas, raíces y fango, están dentro del cauce con entradas sumergidas. Huellas inconfundibles y grandes (15 cm de largo por 9 de ancho) de los pies, con membrana interdigital y uñas romas, a menudo son borradas por la traza de la ancha cola plana. Las cagarrutas, elípticas, de unos tres centímetros de largo, contienen tiras finas de corteza y astillas. Roen por lo general árboles de menos de 10 centímetros de diámetro. ¿Volverá el castor a León?