AQUÍ Y AHORA
La consejera dimite
LA POLITIZACIÓN de la tragedia de Guadalajara parecía inevitable. Por supuesto que en todo caso el tema de la crítica a los Gobiernos gestores y de las responsabilidades políticas siempre está ahí y es natural y obligado plantearlo y presionar en ese sentido. Otra cosa bien distinta es el modo de hacerlo, y ahí el PP se ha retratado muy bien una vez más como lo que es. El escándalo parlamentario de este jueves y el intento de agresión de un diputado popular al portavoz parlamentario del PSOE se sitúan en la cresta de la ola de la desmesura política con la que el partido de Rajoy se comporta en todo momento y lugar. Las últimas informaciones reducen mucho el campo de las posibles responsabilidades en la gestión del gran incendio. No obstante, la consejera castellano-manchega de Medio Ambiente, Rosario Arévalo, ha dado pruebas de dignidad, al dimitir de su car go por asunción de su responsabilidad política. El presidente del Gobierno se ha equivocado al no acudir en las primeras horas al lugar de la catástrofe, aunque delegó en la vicepresidenta, que aguantó muy bien la lógica indignación de los afectados. Pero el comportamiento de este Gobierno y de las autoridades de la Comunidad de Castilla-La Mancha no admite ninguna comparación con lo que hacía el Gobierno del PP en casos semejantes. No hay que recordar ahora lo que pasó cuando el Prestige, las partidas de caza, la negligencia sostenida, la ausencia del presidente hasta que un mes después se presentó en una torre de control, la negación sistemática y estólida de la realidad de lo sucedido y de su gravedad. Nada de eso ha sucedido en la tragedia de Guadalajara.