TRIBUNA
Reforma estatutaria: ¿Cierre o apertura?
A PESAR de los esfuerzos políticos autonomistas del ente para el uniformismo territorial, y la creación de un sentimiento popular único, o mejor unificado, ni tan siquiera a ellos, obnubilados por el poder, se les escapa que sus intentos están siendo vanos. Lo que no quiere decir que no sepan, como mínimo maquillarlo; o, cuando más, adulterarlo desde la propaganda y todo tipo de presión. Así las cosas, los castellanos siguen su rol, los leoneses inmóviles en su interiorizada personalidad, ambos coexisten, no conviven, en un ente falseado que para nada seduce. Mas, todo eso que los autonomistas comprueban mediante sus encuestas, estudios o sondeos, no sólo no les hace recapacitar sobre su imposición política autonómica en León y en Castilla, sino que les lleva al enroque; por ejemplo, al «fundacional de Villalar», para transformar en blanco lo que todos percibimos negro, sin tan siquiera pararse a contemplar los grises que les denuncian voces ciudadanas. El centralismo feroz generado desde los orígenes del ente, que unos, los políticos leoneses, hasta ahora lo aceptan en función de la obediencia partidista; los empresarios, patronos o empleadores de aquí lo omiten, en busca de subvenciones y apoyos que compran voluntades, por simple supervivencia los más y para el enriquecimiento prebendoso los «privilegiados», en tanto el pueblo llano, ¡que lo siente en sus propias carnes!, ha de soportarlo por necesidad vivencial, cuando no se ve obligado a una forzada emigración llevándose sus mejores valores. Un triste pero real panorama. A lo del «mapa autonómico cerrado», cual peonza metafórica que en su girar adormece a unos leoneses cada día más desmotivados, pretenden los autonomistas del ente añadir ahora el movimiento pendular adormecedor de su Fundación Villalar, realizada a medida de sus necesidades propagandísticas. Con ése panorama entramos en tiempo de reformas estatutarias, y se impone hablar. La Asociación pro Identidad Leonesa, consciente de todo ello, con pequeños logros a sus espaldas, sin renunciar a una autonomía diferenciada para la región de León, pero con la percepción real de tan difícil situación, podría, sin el aderezo del perdedor, aceptar como un corto paso, o base previa, que, en la inminente reforma del Estatuto, se reconociera aquello por lo que hemos venido luchando denodadamente: el reconocimiento diferenciado de la Identidad Leonesa. Pues, no lo olvidemos: ¡estatutariamente ésta no existe! ¿Qué hacer entonces? Es bueno preguntarse, con frialdad, si es posible en tan sensible valor: ¿Se dan actualmente las circunstancias políticas precisas y primordiales para acceder a una autonomía diferenciada leonesa? Dolorosamente no hay más remedio que reconocer que no. La razón está esencialmente en la carencia de voluntad política para intentarlo. La reforma estatutaria, si permitimos pasivamente su cierre, va a suponer un nuevo círculo de hierro para lo leonés. El mensaje que hacen emanar en la supuesta fundación cultural de Villalar, con impostura interpretativa histórica, les afianza y justifica para seguir ignorándonos como pueblo que «no fue» más que en la imaginación de unos ilusos leoneses. Entre perder y poder conservar nuestra identidad leonesa, hay, o todo un abismo, o un simple paso, nosotros, el pueblo leonés, en un juego de mínimos, a menos perder, puede dar en ése sentido un último empuje, demandando el reconocimiento identitario a un ente que nadie ama, muchos odian, y los políticos autonomistas exprimen. El PP autonómico ni nos escucha ni le interesa nada que no salga de sus propias filas, perfectamente filtrado y aséptico para sus planes. El PSOE, más receptivo, a partir de la «redefinición» de León en el ente, de Miguel Martínez, la «Diputación Regional Leonesa» de Agustín Turiel, el deseo personal de Francisco Fernández de que León sea una autonomía, y la plurirregionalidad de Villalba, nos aboca, según últimas noticias, a un mínimo de mínimos decepcionante, pero que, en connotación con todo lo antedicho, podíamos hasta planteárnoslo, no con generosidad, que nos sobra, sino en un último esfuerzo de supervivencia para nuestra personalidad. Esto es, en letra estatutaria ajustarse a la realidad histórica de León, para reconocer la Identidad Leonesa sin el menor resquicio para la incertidumbre que nos viene asolando. El amago de traer a León, aprovechando que radica aquí la sede del Procurador del Común, alguna sesión de las Cortes autonómicas, ¡una lágrima en la arena!, han de «revalorizarlo» marcando unas fechas institucionales, no menos de tres, una expresamente coincidiendo anualmente con el día y mes, de aquéllas primeras de Alfonso IX. Amén de la dotación económica para la Fundación Cortés de León. Y, en el capítulo socioeconómico, la ultra rápida equiparación a las más desarrolladas de las provincias castellanas del ente. Y un largo etcétera, o «clavo ardiendo», como la única manera de dignificar nuestra presencia y permanencia en el ente, y como apertura a una brisa de esperanza, sin sometimiento, esperando.