Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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CONMEMORAMOS los cien años del nacimiento de Mihura. Sus obras suelen ser definidas como teatro del absurdo. Lo son, pero además era teatro de la bondad, entendida ésta no como algo blandengue e imposible,  sino como una mirada a la vez generosa y cáustica sobre la condición humana. Su humor fue un triple mortal sobre el pesimismo, porque la vida es como es,  no incita a tirar cohetes, pero, ay, está el humor, ese corte de mangas a la nada, consuelo de perdedores. Nadie mejor que un escéptico para recordárnoslo. Un escéptico no es  un resentido; el primero sabe que siempre le quedará París, mientras que el segundo se negará durante toda su vida a probar el foie... pero ninguno de los dos podrá evitar las lágrimas si por sorpresa son zarandeados por una canción de Piaf. Ah, el humor. Ah, el amor... túneles que conectan los adentros con lo mejor de nosotros mismos. Junto a ellos, equilibrándolo todo, un misterioso poliedro que llamamos verdad. No importa las veces que caigas, si tienes humor, amor y verdad. En algún lugar, alguien está sufriendo más allá de lo admisible, quizá un niño un anciano. En otro, quizá no muy lejos del anterior, alguien es feliz. La vida tiene un inescrutable sentido de sus propias reglas. Por ello,  humor,  amor y verdad deberían formar nuestro escudo de armas, y llevarlo tatuado en la mirada. Aunque puede que esto sólo sean delirios de quien será abuelo por primera vez... y anhela amor, humor y verdad para quien viene,  sabedor de que vivimos en un mundo herido, pero al que aún se merece arribar, para mejorarlo.

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