Diario de León
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RAMÓN PI
León

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LA VISITA de RodríguezZapatero a Blair, y sobre todo la comparecencia conjunta a la salida, ha tenido el eco previsible en los medios de comunicación, por varias razones comprensibles, a saber: primera, porque no deja de ser consolador ver que el presidente del Gobierno español es tomado en consideración por alguien que no sea el cubano Castro o el venezolano Chávez; segunda, porque también tranquiliza algo que haya desvinculado la guerra de Irak de la ola de terrorismo islamista: «Vuestras bombas, nuestros muertos», ¿recuerdan? Tercera, porque Tony Blair manifestó estar de acuerdo con la idea de la «alianza de civilizaciones», aunque en esto también hay que ser comedidos: Blair interpreta eso de la «alianza de civilizaciones» como «alianza entre países civilizados», de cultura cristiana y cultura musulmana, contra el terrorismo, algo que recuerda sólo vagamente al discurso de Rodríguez. El caso es que no deja de ser buena noticia que Rodríguez se pasee por el primer mundo porque, al menos, mientras hace eso no se pasea por las dictaduras bananeras por las que parece sentir tanto afecto. Pero no cantemos victoria: las veinticuatro horas del día dan para mucho, y Rodríguez tiene más que acreditada su capacidad de decir a sus interlocutores lo que supone que quieren oír, para hacer luego lo que le parece. Así ha ocurrido con la ley de educación y la asignatura de religión, así con su «ayuda a la familia» (¡!), así con tantas cosas que han reducido a la nada su credibilidad. Ya lo dijo un socialista leonés que padeció la época en que fue secretario del PSOE provincial: «Ni una mala palabra, ni una buena acción».

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