LA VELETA
Azar y sociedad
AL MARGEN de la estadística, y por simple cálculo de probabilidades, la posibilidad de morir en una acción terrorista es notablemente menor que la de perder el empleo a manos del empresario. Y a pesar del descenso del paro, el miedo al desempleo es la primera inquietud de la sociedad española. La segunda, muy por encima de la tercera, la origina el terrorismo, y eso que las operaciones policiales contra ETA en Francia y en España, tras una pausa aparente, que algunos han llenado de expectativas, permitirían suponer que la banda sufre una activa infiltración de los servicios de inteligencia de la Guardia Civil y de la policía. Reveló el viernes la EPA que el paro ha descendido por debajo de los dos dígitos para situarse, por primera vez desde 1979, en el 9,33% de la población activa. Y se firman contratos de trabajo al por mayor, aunque muy pocos sean indefinidos, por la enorme presión de la temporalidad en las empresas. Pero ante el descenso constante del paro, no se entienden bien las razones del temor a perder el empleo que sienten los españoles, a no ser que el volumen del endeudamiento familiar, denunciado o amonestado discretamente por el Banco de España, se relacione directamente con el salario, lo cual es lógico. El español endeudado hermanaría de forma directa salario e hipoteca, previendo que su hipoteca sin salario equivaldría al desplome de su proyecto de vida. El vicepresidente Solbes asegura que se va a seguir creando empleo, pero a ese crecimiento acompaña un fuerte temor al paro. El temor a no encontrar trabajo es mucho menor entre los inmigrantes 'sin papeles', que perciben cierta solidaridad entre sus conciudadanos de origen, que entre los ejecutivos mayores de 40 años, a quienes va desplazando del mercado la generación siguiente, si no mejor preparada, sí más joven. Se trata, pues, de un temor real, personalizado y abundante. Más real, al menos, que el originado por el terrorismo, que no suele confesarse como un sensación personal sino más bien como la impaciencia colectiva ante una amenaza criminal que entorpece a veces la buena marcha de la política. También estaba satisfecho el ministro de Interior, José Luis Alonso, al informar sobre las detenciones en Francia de cuatro etarras más que presuntos, uno de los cuales, Troitiño, lleva en la sangre estirpe terrorista. Y es que la lucha policial contra ETA no se había paralizado, a pesar de unas semanas sin capturas, y así, sólo unos días antes de las últimas operaciones policiales en el sudeste francés, ya se habían detenido en Vizcaya y Navarra a miembros de la infraestructura de captación o de atracción de vocaciones.