Diario de León
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JOSÉ CAVERO
León

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HACE unos pocos días era el propio Joan Puigcercós, portavoz de Esquerra en el Congreso, quien señalaba la existencia de contactos y conversaciones entre el Gobierno de Zapatero y el grupo de los nacionalistas vascos para, eventualmente, pactar algunas cuestiones y, de paso, conseguir el apoyo del PNV para la mayoría gobernante, ahora mismo apoyada por los mismos socios de Maragall en Cataluña, ERC e ICV. Puigcercós consideraba la posibilidad y no parecía resultarle excesivamente ilógica, ni siquiera ingrata. Precisamente, una de las quejas más permanentes de buena parte de la opinión pública viene dada por el 'apoyo' a menudo problemático de los republicanos: siempre interesado y medible en partidas presupuestarias y que, a menudo, fuerza a los socialistas a compromisos contra natura. Después de todo, viene a comprobarse la fábula del escorpión al que una rana transporta para cruzar un río: el escorpión no puede resistir a su propia condición natural y termina clavando el aguijón a quien le transporta, por más que signifique la muerte de ambos... Tener a ERC como socio se viene demostrando de utilidad para ambas partes, pero la natural condición de los republicanos independentistas sale a flote demasiado a menudo como para que resulte «políticamente rentable». Hay otras dos posibilidades para el partido gobernante: una es proceder a la reforma electoral que le viene reclamando la IU de Llamazares, y que habría de darle, por pura lógica, un grupo parlamentario bastante más amplio. No es razonable que la sigla que obtiene un cinco por ciento de los votos a nivel nacional tenga la misma recompensa que quien obtiene un cinco por ciento sólo en la circunscripción vasca o en la catalana, o en la gallega. IU quiere ser una tercera fuerza nacional «de verdad», y no situada después de CiU o del PNV. Esa reforma de la ley electoral requiere su tiempo, y sólo podría tener efectos en la legislatura siguiente. ¿Y de momento? Se ha comenzado a apuntar que van en buena dirección algunos contactos del grupo socialista con el grupo de los nacionalistas vascos. La negociación con el PNV sí tiene varios asuntos probables: cerrar de una vez el volumen del cupo, en los últimos años problemático, proceder a traspasar competencias que aún no ha asumido el Gobierno autonómico por la distinta interpretación que hacen las partes, y, sobre todo, elaborar un nuevo estatuto en el que debiera quedar bien demostrada la sintonía de socialistas y nacionalistas vascos. Y, paralelamente, constituir un frente común para dialogar con ETA-Batasuna y determinar el final de ETA. Estas dos últimas son las grandes tareas que parece que se abordarán en otoño, y las que mayor enjundia y trascendencia tienen, sin duda.

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