Diario de León

EN EL FILO

Narbona, el agua y la nación

Publicado por
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS
León

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POCO ANTES DEL VERANO contaba un ministro que la señora Narbona se dedica consejo tras consejo a abrumar al Gobierno con datos científicos sobre la terribles sequías que nos esperan a los españoles en el futuro. Uno de mis compañeros quiso conocer las razones por las que el propio ministerio de la señora Narbona estaba llevando una política del agua tan contradictoria con esas previsiones. Concretamente, por qué razones había sido desechado el proyecto del trasvase del Ebro. La respuesta estuvo en la línea que mantiene habitualmente el Gobierno: el trasvase no estaba previsto en el programa electoral. Al margen de previsiones apocalípticas o simplemente dramáticas en relación con la escasez de agua, había ya razones sobradas para llevar a cabo una política nacional y racional. La solución de plantas desaladoras a lo largo de la costa mediterránea es, además de muy costosa (habida cuenta la obsolescencia de la tecnología), disparatada desde el punto de vista ecológico y práctico. Recuerda algunas de las más enloquecidas propuestas de los clásicos del arbitrismo. Se sabe por experiencia que, aun en zonas en las que su aplicación resulta obligada (en las islas por ejemplo) no resuelve necesidades tan elementales como las del consumo humano. El espectáculo que nos propone la señora Narbona es el del siguiente proceso: entregarnos al mar el agua de los ríos que luego tenemos que procesar para utilizarla en unas condiciones pésimas. La sin razón es tal que los ciudadanos dudan respecto al sentido común de los gobernantes, pero ¿y el de los votantes? Porque si cabe sospechar de los intereses de los políticos, ¿qué puede llevar a la ciudadanía a cooperar con este tipo de iniciativas? En la política del agua falla la racionalidad pero, además, falla el sentido nacional. Es decir, el sentido de solidaridad que es, por encima de cualquier otra cosa, la idea de nación. En muchas regiones españolas no va a haber suficiente agua para beber y para regar y ello va a suceder por ausencia de conciencia de comunidad. La nación es agua para todos. Pero parece ser que esta idea práctica de comunidad nacional no da suficientes votos. ¿Acaso no hacía ironías hace unos meses el presidente del Gobierno sobre la idea de nación? Decía con una audacia sobrecogedora que no acababa de ver las diferencias entre nación y región. ¿Tenía en la cabeza en ese momento el problema del agua o tan sólo el del pluralismo y los votos? Lo cierto es que Zapatero ignora que las regiones tienen su sentido pleno cuando forman parte de la solución global que viene de la nación. Eso es, entre otras cosas, España. O eso es lo que debe ser. Para todo y desde luego en relación con esta cuestión que la señora Narbona plantea de forma tan dramática en los consejos de ministros aunque, como se ve, para darle una solución disparatada.

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