Diario de León

TRIBUNA

Nuestra obsesión con la participación ciudadana

Publicado por
IBÁN GARCÍA DEL BLANCO
León

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HACE unos días, desesperada, la concejala del equipo PP-tránsfugas, Ana Guada, respondía a una interpelación de nuestro grupo que «¡los socialistas están obsesionados con el Reglamento de Participación Ciudadana!» Creía sin duda que con ello practicaba sobre nosotros un agravio y lo cierto es que no pudo regalarnos un piropo mayor. Y es que, como parece implícitamente reconocer la concejala, nuestro gobierno supuso un constante esfuerzo de incrementar la participación de los/as vecinos/as de nuestra ciudad en los asuntos públicos, ampliando asimismo las posibilidades de control y conocimiento de las políticas desarrolladas por la corporación municipal. Esta necesidad de aquel momento se entenderá hoy mucho más acentuada con la deriva que lamentablemente tomó nuestra institución tras la moción de censura, mediante la cual Mario Amilivia, con el apoyo de dos tránsfugas, ha conseguido volver a detentar la dirección del Ayuntamiento de León. En este sentido se tomaron decisiones como el gran proceso de exposición pública del Plan General de Ordenación Urbana, la creación del Consejo Sectorial de las Mujeres (creado mucho antes de que tuviéramos un texto inicial del reglamento general y que nos sirvió como guía para la estructuración de los consejos sectoriales; con asignación presupuestaria para hacer efectivos sus acuerdos), la firma de un convenio con la Federación de Asociaciones de Vecinos en la que se le dota de sede e infraestructura y financiación para la consecución de sus objetivos, el aumento de las subvenciones destinadas a las asociaciones de vecinos y de las destinadas a financiar las fiestas en los barrios y la participación en las Fiestas de San Juan y San Pedro, la participación de diversas asociaciones de vecinos y ciudadanas en las mesas de debate y toma de decisiones creadas alrededor de diferentes problemas como el ruido, las antenas de telefonía móvil¿ etcétera. Y lo que es más importante y da sentido a todo el edificio expuesto en pinceladas anteriormente, la aprobación de forma inicial del Reglamento General de Participación Ciudadana, norma con rango reglamentario de obligado cumplimiento para la Administración, que convierte por primera vez en derechos lo que antes eran concesiones graciables de los gobernantes. Ahí se recogen artículos referidos al estatuto del vecino (derechos y deberes frente a la Administración), la regulación y puesta en funcionamiento de los consejos de barrio, sectoriales y de la ciudad (donde los/as ciudadanos/as de León tendrían acceso a toda la información en manos del Ayuntamiento y posibilidades de opinar sobre las políticas desarrolladas), la creación de la figura del Defensor de la Ciudadanía, los medios de comunicación Ayuntamiento-ciudadanía (necesidad de transparencia), la posibilidad de participar en plenos municipales y comisiones informativas, los servicios de atención al ciudadano, etcétera. El reglamento fue aprobado inicialmente el día 30 de septiembre del año 2004 (BOP del día 6 de noviembre, a partir de lo que comenzaba el plazo de treinta días para las alegaciones). Presentaron alegaciones el Partido Popular y la Federación de Asociaciones de Vecinos, y ambas fueron aceptadas en su totalidad lo que se informó por parte de la Concejalía de Participación Ciudadana, con lo que se incorporarían al texto una vez que fuera aprobado definitivamente en Pleno Municipal, último requisito pendiente. Este Pleno debió celebrarse hace ya mucho tiempo, y nos encontramos que, todavía hoy, nueve meses después y más allá de excusas que se caen por sí solas, el «brillante timonel» que autocráticamente decide en cada caso qué se debate en cada Pleno, no ha tenido a bien cumplir sencillamente con su obligación. Como en muchas otras ocasiones, lo que era bueno cuando eran oposición (fue aprobado inicialmente por unanimidad), parece que no lo es tanto ahora que son gobierno y tienen la obligación de dar luz sobre su gestión, además de ceder alguna de sus prerrogativas. Nos preocupa mucho cuál es la deriva que está tomando en esta área el equipo Partido Popular-tráansfugas, que en un principio había incluso eliminado la concejalía, lo que supone una auténtica declaración de intenciones, y cuya titular actual, aparte de ser prácticamente desconocida (no sabe, no contesta), parece preocuparse más por cuestiones de protocolo que por su propia área. Y sobremanera, la paralización de la aprobación definitiva y puesta en marcha del Reglamento de Participación Ciudadana antes mencionada. La aprobación a cuentagotas y de forma caótica de una serie de consejos sectoriales, cuya formación depende de la ocurrencia del/la concejal/a de turno, contrasta grandemente con la filosofía que dimanaba el Reglamento de Participación Ciudadana, esto es, que los consejos sectoriales fueran naciendo como consecuencia de la autoorganización de los propios colectivos relacionados con cada actividad, que sintieran esa necesidad y ejercitaran ese derecho. ¿Comprenden la diferencia, doña Ana, don Mario? Todo ello salvaguardado por la ordenanza municipal de obligado cumplimiento por los políticos/as, nos guste más o menos. Esto es, en definitiva, una medida de devolución del poder a la ciudadanía, una suerte de democracia directa, más pura. Que tras su creación, en la práctica no se haya reunido ni uno sólo de ellos, , no es ninguna casualidad: se trataba de disfrazar el incumplimiento. A cualquier sistema en derecho, para que funcione adecuadamente y para que no se generen desigualdades, hay que dotarlo de cierta sistemática, de alguna norma que organice lógicamente la construcción, que la armonice. No estamos en contra de que se creen consejos sectoriales, antes bien al contrario, no traten de confundir señores /as populares, pero la casa hay que empezarla por los cimientos, no por el tejado. Ustedes han pretendido acallar la demanda ciudadana con medidas de distracción. Cumplan con su obligación y tomen alguna decisión una vez, no tengan miedo a exponer sus «vergüenzas» ante la ciudadanía; si están seguros/as de lo que hacen, no tiene por qué suponerles un problema. ¿Quizá sienten ustedes vergüenza de lo que están haciendo? Nosotros/as, desde luego, no sentíamos ninguna.

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