OPINIÓN
El mundo al revés
LAS DECLARACIONES del dirigente de la ilegalizada Batasuna Joseba lvarez responsabilizando al consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, de los graves incidentes que ellos mismos provocaron en el centro de San Sebastián tras la manifestación prohibida del domingo pasado, y calificando de «escándalo» que el Partido Nacionalista Vasco haya exigido al Ministerio Fiscal que intervenga contra quienes intervinieron en ella, son... el mundo al revés. «Que a estas alturas, cuando se quiere hacer una manifestación en defensa de un proceso de paz, al día siguiente tengamos que estar hablando de heridos, aporreados, detenidos y culatazos», también le parece «escandaloso» al ciudadano en cuestión, un «desastre» que, en su opinión, sólo tiene una explicación: «Balza -asegura- mandó más tropas que nunca para impedir la manifestación». Y, en fin, así todo. A estas alturas de la vida y con los precedentes que uno quiera aportar, no hay de qué sorprenderse, pero, por respeto a los hechos, punto uno, ¿quién provocó los incidentes? Ellos, los del «proceso de paz», no la Ertzaintza. Que, contra lo que dice lvarez, para asombro de muchos, aunque la manifestación había sido prohibida por los jueces, no intervino para impedir que se celebrase sino para responder a las agresiones de algunos de los manifestantes una vez que acabó la manifestación. Defenderse y restablecer el orden, eso es todo lo que hicieron «las tropas» de Balza, a eso es a lo que lvarez denomina «desastre», esto es lo que le parece un «escándalo» que el PNV quiere que investigue el fiscal. Y punto dos, ¿por qué los jueces prohibieron esa manifestación? Porque una banda terrorista no puede convocar legalmente ninguna manifestación. Y detrás (y delante, me permito añadir) de la convocatoria estaba la ilegalizada Batasuna. Que, por si alguien lo ha olvidado, fue ilegalizada por pertenencia a ETA. No por colaboración, auxilio o cualquier eufemismo al uso: por formar parte del entramado terrorista etarra. El mundo al revés, ya digo. Pero, así es, ¡qué le vamos a hacer!, el mundo de ETA. ¿Cuál es la única patria a la que de verdad aspiran los entre 112.000 y 150.000 votantes de Batasuna (en fin, el ahora llamado Partido Comunista de las Tierras Vascas)? Su real gana. ¿Cuál es la única Justicia que aceptan? La que, como el para mí incomprensible voto particular del presidente de la Sala de Vacaciones del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco a favor de esa manifestación finalmente prohibida, alienta su delirio.