A CAMPANA TAÑIDA
Replanteamiento de estrategias (1)
EL GOBIERNO ha acumulado muchos errores durante este verano. El incendio de Guadalajara. La paliza en Roquetas de mar. Los diecisiete soldados muertos en Afganistán, en un contingente de soldados y con unas misiones que se han mantenido en secreto. Hay materia para sacarles los colores a la cara. Rajoy, con el estilo cauto que le es propio, ha anunciado un replanteamiento de estrategias. Nada más a propósito, porque es inevitable que el PP haga desde dentro una reflexión de calado sobre su actual posición y sobre el rumbo hacia el que debe orientar su acción política. Y hay varios puntos cuya consideración es inexcusable. Las medidas concretas para el cambio de rumbo en cada uno de ellos pertenecen al debate interno, no así las cuestiones que deben ser objeto de consideración, a las que dedicaré artículos sucesivos. La primera y más importante es la actual soledad del PP, que parece incapaz de llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas representadas en el Congreso de los Diputados, de manera que cada debate parece el «todos contra el PP», o «el PP contra todos», que viene a ser lo mismo. Tal soledad, aunque se lleve con compostura hidalga, es muy dañina. En otras palabras: al PP le han descentrado de esa posición moderada que ocupaba y le presentan como un partido ultramontano, absolutamente inmovilista en sus planteamientos ideológicos. Y ésa no es la realidad de sus millones de votantes ni tampoco de su propia historia. Suele recordarse cómo en su primera legislatura de gobierno, el partido logró los acuerdos necesarios para gobernar bien y revalidar con mayoría absoluta cuatro años después. Hoy, cierto es, está lejos de los diputados que tenía en 1996. Pero ahí está el ejemplo de Galicia, donde el Partido Socialista está también lejos de la mayoría absoluta y ya había concluido previamente un acuerdo de gobierno con el Bloque. Es una situación a la que hay que darle la vuelta y con urgencia. Basta hablar con la gente de la calle, la que vota pero no milita en las directivas ni ocupa cargos. Siempre te dicen: «¿Por qué no hacen ustedes algo?, porque algo se podrá hacer, con lo que están haciendo éstos» (por los socialistas). Hay otra segunda cuestión relacionada con ésta, que espero tocar hoy por última vez. Me refiero a pasar definitivamente la página de los atentados del 11-M en relación con el vuelco electoral que produjeron. La sociedad mira hacia el futuro, no hacia el pasado año y medio después de la tragedia. Si el PP aceptó el resultado de las urnas, no tiene sentido plantearse si fue injusto o no. Aunque duela, y más a quienes entonces tuvieron responsabilidades de seguridad pública, hay que dejar definitivamente aparcada esa cuestión que, a la postre, solo sirve para que desde el aparato de prensa y propaganda del gobierno se diga un día sí y otro también que el PP no ha digerido la derrota o que sigue lamiéndose las heridas. Alimentan la polémica en perjuicio del Partido Popular, que no puede esperar de ello el menor rédito político. Al contrario, la senda tiene que ir hacia el futuro, porque hay una dura batalla que librar de aquí al 2008 si no hay elecciones anticipadas. Cada vez veo más claro que las habrá.