FRONTERIZOS
Perplejidad
NOS LA IMAGINÁBAMOS como una ciudad de jazz y pecado donde una banda de ángeles negros capitaneada por Louis Armstrong tocaba en los entierros música tan triste que alegraba a los muertos. Pero ya no tocan la trompeta los ahogados de Luisiana, de Misisipi o Alabama y el mundo asiste a un espectáculo dantesco con la perplejidad del que siente que se ha equivocado de escenario. Una catástrofe de la magnitud de la del Katrina sólo llega del imperio en forma de superproducción hollywoodiense; el mapa de los dramas provocados por la naturaleza se borraba ante el poder del primer mundo, capaz de organizarse para enfrentarse con éxito al huracán y al agua. Los muertos abandonados, el hambre y el saqueo eran imágenes para el llamado tercer mundo, pacientemente acostumbrado a enterrar a sus muertos en silencio. El país más poderoso de la tierra se ve impotente frente a la naturaleza y es incapaz incluso de contar los cadáveres. Ahora sabemos que los grandes grupos económicos han invertido en los últimos años ingentes cantidades de dinero para ocultar la amenaza del calentamiento global, de la que nada conocen los negros que bailan su hambre en el Mardi Grass, de la que todo ignora un presidente de vodevil ocupado en salvar al mundo. Europa debe ahora ofrecer toda su ayuda a un territorio en el que se habló no hace tanto español y francés. Pero debe luego presionar frente a la gran potencia para que acepte los acuerdos internacionales en materia de medio ambiente, acabando con el cinismo de ignorar las graves consecuencias que se han instalado ya en su propio territorio.