Diario de León
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ANTONIO PAPELL
León

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El presi DENTE del Gobierno logró ayer un «consenso básico» sobre la financiación de la sanidad, aunque no un acuerdo cerrado que deberá conseguirse «en los próximos días», concretamente hoy, martes, según Rodríguez Zapatero. Ambas partes, Gobierno y Partido Popular, se han salido con la suya: aquél pudo cerrar la Conferencia de Presidentes con el anuncio de que el asunto estaba sustancialmente resuelto y el principal partido de la oposición impidió que el evento concluyera con brillantez y logró posponer el acuerdo final: éste se formalizará definitivamente en el Consejo de Política Fiscal y Financiera una vez que, previamente, el Gobierno haya efectuado las necesarias modificaciones legislativas. El saldo final de la larguísima conferencia fue, pues, agridulce, en expresivo término utilizado por Rodríguez Ibarra. La definición de la fórmula que había de pactarse entre el Gobierno y las comunidades autónomas para resolver provisionalmente el déficit de la sanidad, hasta que se acuerde y se defina legislativamente un nuevo modelo de financiación, era evidentemente compleja ya que en ningún momento se pensó resumirla en una partida presupuestaria: la solución había de llegar mediante la suma de recursos de distinta procedencia: asignación directa del Estado, creación de diversos fondos -y el mantenimiento del llamado de garantía, que asegura que el crecimiento del presupuesto presupuestario no será inferior al del PIB-, elevación de impuestos especiales estatales, concesión de capacidad normativa para incrementar la capacidad de recaudación de las comunidades, etcétera. En consecuencia, y aun haciendo abstracción de todas las circunstancias políticas concurrentes, que no eran irrelevantes, parecía muy difícil que el acuerdo se obtuviera a través de una simple sesión de la Conferencia de Presidentes, al margen de los expertos y de los propios consejeros de economía. La reunión, preparatoria de la del Consejo de Política Fiscal y Financiera, concluyó sin concreciones y con fuertes discrepancias, y el Gobierno se negó a entregar antes de la Conferencia de Presidentes una propuesta concreta, que hubiera servido a los dirigentes autonómicos para tomar una predisposición fundada. En estas circunstancias, el fracaso de la conferencia era una posibilidad cierta porque, aunque había de pesar muy considerablemente el argumento de que las comunidades no pueden permitirse rechazar unos recursos que necesitan imperiosamente, también era muy sólido el de que las comunidades en manos del Partido Socialista no tolerarían que el disenso fuese zanjado por el Gobierno con una negativa a aportar los necesarios recursos. Si a ello se añade la evidencia de que la fácil aprobación por todos los presentes de la propuesta enunciada por Rodríguez Zapatero, es decir, el éxito apoteósico de la Conferencia de Presidentes, hubiera supuesto un triunfo personal y político del presidente del Gobierno, se entenderá a la perfección la posición exigente de los líderes autonómicos del PP. Por añadidura, ya no estaba Fraga; el ex presidente de Galicia, inventor de la institución de la Conferencia de Presidentes y un estadista con gran sentido de la responsabilidad, fue quien salvó -en contra de la opinión de varios de sus conmilitones- la anterior reunión de esta cumbre, que pretende sustituir, todavía sin encaje constitucional alguno, a un Senado que, en su forma actual, no cumple cabalmente su función de cámara de representación territorial. En definitiva, la fórmula finalmente acordada -unos 1.700 millones de euros aportados por el Estado por todos los conceptos, otros 1.300 millones anticipados, así como una capacidad normativa que permitiría recaudar otros 1.800 millones adicionales a las autonomías- alivia la situación insostenible de la sanidad en la mayoría de las comunidades autónomas. Los ciudadanos podemos, pues, estar tranquilos. Sin embargo, la escenificación del acuerdo, que resultaba perfectamente previsible, ha sido ciertamente lamentable: con toda evidencia, la Conferencia de Presidentes no era el lugar idóneo para mantener una negociación tan técnica y compleja, necesariamente breve por la propia naturaleza del foro en que se desenvolvía. El Partido Popular tenía en esto toda la razón, y es comprensible que el presidente riojano, al término del acto y en nombre de las comunidades de su partido, manifestara su profunda insatisfacción. Pero José Luis Rodríguez Zapatero no ceja: en su tardía intervención ante los medios, pasadas las cuatro de la tarde (el almuerzo con los Reyes debía haber comenzado a las dos) anunció una nueva Conferencia de Presidentes, que versará sobre la necesidad de aunar esfuerzos para incrementar el I+D y sobre medio ambiente y recursos naturales. Para estos asuntos sí puede servir la conferencia, que debería haberse concebido desde el primer momento como un foro para aunar conceptos y voluntades y no como un instrumento para forjar acuerdos áridos y complejos que deben cocinarse antes y que requieren arduas y discretas sesiones de negociación. 1397124194

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