EL BALCÓN DEL PUEBLO
Ejercicio de confusión
TODAVÍA ESTAMOS bajo las secuelas de la Conferencia de Presidentes autonómicos y hoy se reune el Consejo de Política Fiscal y Financiera. No fue posible la fotografía del consenso, pero hoy se pondrá el broche a la financiación de la sanidad. La Conferencia de Presidentes celebrada el pasado sábado, terminó en un acuerdo de bases, según el Gobierno. Según los titulares autonómicos de las Comunidades gobernadas por los populares, sin ningún acuerdo. Practicaron, unos y otros, el ejercicio de la confusión. A estas alturas, y después de conocer los pormenores que se han filtrado de la reunión, se puede hacer la siguiente radiografía: Por parte del Gobierno se hizo una propuesta bienintencionada y a la que no estaba obligado, pero también fue improvisada y sin debate previo. El Gobierno pecó de incauto. Aunque el presidente Rodríguez Zapatero puso sobre la mesa más del triple de la cantidad inicial, el Gobierno se encontró con que los titulares de los Ejecutivos autonómicos pertenecientes al Partido Popular les decían «no». Como en un mercado ferial querían más dinero. Seguían las consignas de su partido, más que los criterios de las necesidades de los ciudadanos a los que representaban. Se llegó, incluso, al extremo de que el presidente de La Rioja habló en nombre de todos los colegas del Partido Popular. Es decir, del de Baleares, Comunidad Valenciana, Madrid o Castilla y León, por citar sólo a algunas. El espectáculo fue realmente bochornoso. Tal parecía que no estaban en la Conferencia los presidentes autonómicos, sino los del partido en sus respectivos territorios. Por ejemplo: ¿Puede tener la misma opinión y las mismas necesidades Castilla y León que la Comunidad de Madrid, que cuenta con un consejero, Manuel Lamela, enemigo declarado de la sanidad pública, y una presidenta, Esperanza Aguirre, que se dedica a bajar los impuestos a los madrileños y, en consecuencia, a aumentar el déficit de esa comunidad? ¿Se puede reclamar al Estado más dinero en esas condiciones? No, y quizá por ello a la presidenta madrileña le salió lo de «a caballo regalado no se le mira el diente». Al margen de esta liturgia, nada sorprendente, es claro que ahora habría que ponerse a trabajar para reformar íntegramente el modelo sanitario, partiendo de un catálogo de prestaciones básicas y estableciendo tanto un sistema de financiación estable más perfeccionado cuanto unos modelos de gestión austeros y evaluables. Lo peor de todo es que se ha perdido, creo yo, una oportunidad única e inmejorable para que conociéramos de verdad, sin pliegues en los estadillos, cuánto dinero dedica cada comunidad autónoma al gasto sanitario y cuánto a otros gastos menos necesarios o supérfluos. Estos sí que son debates importantes. Igual que el de Educación. Y que dejen de darnos la matraca nacionalista que nos ofrecen todos los días, con acento especial en el Estatut catalán. Hasta en el santuario del Camp Nou para los que somos culés nos graparon sobre el césped el apoyo al nuevo Estatuto. No me extraña que los ciudadanos voceen su hartazgo. Lo gritan en las encuestas, pero no lo percibe la sordera de los gobernantes. El ejercicio de confusión, como un crucigrama imposible, sigue sin resolverse.