Diario de León

A CAMPANA TAÑIDA

Replanteamiento de estrategias (3)

Publicado por
FERNANDO DE ARVIZU
León

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UNA VEZ ENUMERADOS en los artículos anteriores los principales puntos sobre los que debe versar la reflexión política del Partido Popular de cara al medio plazo, es necesario hablar de las personas. No de nombres y apellidos sino de perfiles y de actitudes personales, lo cual es mucho más provechoso políticamente. En un artículo que dediqué al tema a raíz de la petición formulada por Piqué de que fuesen relevados dos altos dirigentes del partido, dejé escrito que las personas son lo último en los cambios a abordar, pues de nada vale cambiar los mandos de un partido si ha de seguirse con la misma política. Y añadí que solamente debían sustituirse aquellas personas que fuesen incompatibles con lo que las nuevas estrategias exigiesen. Dos meses después de escrito esto no puedo sino reafirmarme en lo dicho. La palabra renovación no esconde ningún remedio mágico: es solo un instrumento más de la acción política, ni el primero ni el único. Debe ser usado cuando conviene y ni un momento antes. En la medida justa: ni rechazo a los cambios ni cambiar por que sí. Y con el debido tacto, pues se trata con personas, hombres y mujeres, que tienen a sus espaldas servicios prestados al partido, amén de aspiraciones de futuro y sentimientos personales, que de ninguna manera pueden ser atropellados.. Pero una vez sentado esto con la debida claridad, parece inevitable que debe haber cambios en las personas. En las cúpulas dirigentes, respecto de aquéllas que no puedan asumir la nueva orientación o que, por su trayectoria, den una imagen de confrontación o de inmovilismo que no se compadecen con el espíritu moderado que es el principal patrimonio de las bases del partido. Ello adquiere aún más importancia cuanto que el PSOE está radicalizando sus postulados hacia el maximalismo jacobino, mientras trata inútilmente de ocultar su debilidad parlamentaria y su ausencia de dotes de gobierno. Un gobierno que propone pero que no manda no es gobierno ni cosa que se le parezca, por mucho que lo diga su vicepresidenta. Frente al espectáculo de un PSOE que considera el poder no un medio para servir a los demás, sino un fin en sí mismo que les permita perdurar a costa de lo que sea, el PP debe dar la imagen de un partido al servicio de los intereses de la sociedad, que cumple sus promesas y que tiene propuestas razonables de gobierno. Tal actitud debe exigirse a todos los niveles. Por contraste, deben eliminarse de raíz del Partido Popular las actitudes endiosadas, prepotentes, chulescas y perdonavidas, así como aquéllos que no sirvan debidamente el cargo que ocupen. Esto no son elucubraciones, cada quien conoce gente que está pero que no trabaja, sino que vegeta o se divierte. Si pese a ello deben ser mantenidos en algún caso excepcional, ha saberse por qué, ya que el electorado tiene un olfato de sabueso y cada vez piensa más a la hora de depositar su voto. Decir esto no es volver a la polémica rancia de políticos profesionales o políticos vocacionales. Creo que es falsa la dicotomía, pues se puede ejercer una profesión con auténtica vocación. No me identifico con el que en política sólo quiere estar, aunque sea rebotando de un puesto a otro.

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