LA VELETA
La tristeza de Aznar
EN LOS DÍAS siguientes a que Rajoy lanzara a la dirección de su propio partido la invitación a pasar página del pasado y a referirse y preocuparse, en adelante, del futuro, lo que se ha entendido como empezar a olvidarse del 11 y 14-M, se han producido un par de reacciones más bien referidas a aquel pasado a olvidar. Eduardo Zaplana ha opinado que aquellas fechas siguen teniendo una gran importancia, y no conviene olvidarlas. Y, a su vez, llegan las memorias de Federico Trillo a revisar algunas de las posiciones que se mantuvieron por entonces en el seno del partido, en concreto, con relación a la guerra-invasión de Irak. El PP presumió siempre de haberse mantenido «como una piña» en torno a Aznar y a las posiciones que mantuvo, y que le causaron innumerables reacciones adversas, incluso con ataques personales y con ataques a las sedes del partido. Pero el PP no rompió la disciplina de voto, ni siquiera cuando el PSOE, entonces en la oposición, trató de forzar la salida a la luz de algunas discrepancias que se sabía que existían entre los populares sobre aquella actitud controvertida de Aznar. Apenas llegó a producirse alguna... Ahora sí, en esas memorias del ex ministro de Defensa, tienen confirmación las sospechas y rumores que entonces circularon acerca de la oposición insistente que ejerció Rodrigo Rato, a la sazón vicepresidente del Gobierno, ante aquella implicación a la que forzó Aznar. Trillo revela que Rato se opuso de manera contundente a la participación española. «Rato era el miembro del Gabinete de Aznar más opuesto a cualquier participación militar española», dice Trillo. Y hace una revelación, incluso, de una sesión de trabajo del gabinete de crisis, en la que Rato explicó su posición contraria en términos muy contundentes. «Aznar -describe Trillo-, a su lado, escuchaba con la vista al frente, respirando hondo. Cuando terminó, se volvió para darle las gracias, y me pareció ver en su mirada una tristeza infinita». Trillo se queda ahí, pero posiblemente pudiera extraerse alguna conclusión a la que algunos analistas hace tiempo que ya llegaron: ese día, y por esa actitud, Rato, con toda probabilidad, perdió cualquier posibilidad de suceder a Aznar en la presidencia del PP y en la candidatura a la jefatura del gobierno. Rajoy era mucho más condescendiente en aquella materia como en cualquier otra que propusiera Aznar y eso, con toda probabilidad, impulsó e inclinó al presidente a su favor. Claro que, a menudo, no todo sucede como se planificó: Rato ejerce un cargo internacional de primera importancia y el liderazgo de Rajoy, tras quedarse con su lista de gobierno sin estrenar, sigue sin disfrutar de la solidez que le hubiera gustado...