AL TRASLUZ
Ruinas del paraíso
LEÓN se ha convertido en la capital de la solidaridad. Ministros y expertos internacionales hablan en nuestra ciudad sobre cómo erradicar la pobreza y sus consecuencias en los niños. La juventud es efímera, pero la infancia permanece viva en el interior del adulto, ya sea como nostalgia del paraíso o como infierno secreto. Fomentar la felicidad de los más pequeños es construir un futuro mejor, pues quien endurece a un niño ha matado un hoy y un mañana. Muchas reacciones crueles en los adultos tienen detrás una carencia afectiva en la niñez, una vieja herida secreta. Esos niños explotados, guerreros, víctimas del llamado turismo sexual ¿qué puede salvar sus corazones, sino el amor y la solidaridad? ¿qué puede iluminar sus sombras más que la luz? Pero los posicionamientos individuales no bastan, ni siquiera cuando son ya gritos colectivos: urgen más y mejores programas de ayuda al desarrollo, sufragados por los países ricos. En este sentido, la «Declaración de León» es un hito. Hay motivos para el escepticismo, pues muchas han sido las promesas rotas, pero, pese a ello, hay que creer en los cambios para que estos sean posibles. La infancia es un paraíso. Pero hay otra tierra de paso, también de gran importancia psicológica y espiritual, que es la adolescencia, cuyos problemas también serán tratados. A nosotros nos preocupa que nuestro chaval juegue demasiado a la play, pero hay países en los que ese mundo virtual de violencia y horror es real. A veces, me pregunto cómo podemos dormir sabiendo que en algún lugar hay un paraíso en ruinas.