Diario de León

EL BALCÓN DEL PUEBLO

Los Presupuestos, a escena

Publicado por
JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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YA SE conocen las grandes cifras de los Presupuestos Generales del Estado para el 2006. Como era de esperar, han sido recibidos con júbilo por el partido que apoya al Gobierno, con escepticismo y crítica por la oposición, y con demérito por grupos menores. Es lo de siempre. Quienes cuadran las grandes cifras macroeconómicas inequívocamente los califican de realistas, sociales, equilibrados y prudentes. Los otros, de insolidarios, sectarios y decepcionantes. Este ejercicio, además, cuenta con dos calificativos novedosos: raquíticos y grises. Lo que parece fuera de toda duda es que León sale ganando. Y mucho: recibirá un 46% más que en el 2005. Pero los PGE sólo acaban de presentarse. Lo ha hecho, como manda la liturgia, Pedro Solbes, vicepresidente económico del Gobierno. No necesitó que los ujieres portaran, como antaño, volúmenes y volúmenes. Le entregó el CD-ROM al presidente del Congreso, Manuel Marín. Fue como un gesto simbólico. No en vano una de las partidas estrella, con incremento del 26,5%, corresponde a las inversiones en I+D+i, esto es: Investigación, Desarrollo e innovación. En un CD-ROM tienen cabida todas las cuentas del Estado. Y queda espacio, creo, para el Quijote. Los Presupuestos Generales del Estado ya están en el Congreso y ahora comenzará el desglose importante: su debate en Comisión. Cuando finalmente sean aprobados en pleno, será el momento del análisis. Dejémoslo para entonces. Un contertulio, que en la aridez de los números debe ser tan torpe como yo, repetía lo superficial: el sueldo del presidente del Gobierno, la asignación a la Casa Real, cuánto gana un ministro o los presidentes del Supremo, del Consejo General del Poder Judial, del Consejo de Estado o del Tribunal de Cuentas. No tenía ni idea de cuánto se asigna a educación, infraestructuras, ni a políticas sociales. Lo único que tenía entre ceja y ceja eran los sueldos. El suyo debe ser tan mísero como el mío. Sin embargo, le parecía corto el que percibe el presidente del Gobierno. «Cobra menos --dijo-- que algún jugador de la Cultural». Y al futbolista se le perdona que no meta goles. Al presidente del Gobierno no le pasan ni una, ya sea su obstinada defensa del debate sobre la reforma del Estatut catalán, o que no levante una alambrada hasta el cielo para que no nos invadan los subsaharianos desde Melilla. Y a todo esto, sigue sin caer una lágrima de lluvia. Como se decía antaño, continúa la pertinaz sequía. La culpa, como en aquel chiste inolvidable de Forges, es del Gobierno. Las reservas de agua empiezan a ser alarmantes. Los expertos aseguran que es la más severa desde hace un siglo. Aquí todavía se riegan las calles por la noche. Para un murciano es como opositar a la degradación solidaria. Amparándose en la sequía, los habitantes del valle del Eria amenazan con movilizaciones si no se inicia la presa. El proyecto lleva décadas sobre los despachos. Lo escuché por primera vez en boca de Julián de León, cultirvador de trigo mocho, jerarca sindical y, finalmente, presidente de la Caja de Ahorros. Ya llovió desde entonces. Y la presa del Eria sigue siendo virtual. En el río ya no quedan corrie ntes para que naden las truchas.

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