Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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COINCIDIENDO con el famoso eclipse anular de sol, que ayer se pudo ver especialmente bien aquí, repartieron gafas de cartón y celofán negro para mirar el fenómeno, que duró unos minutos. Hay que proteger los ojos de la radiación solar porque se trata de un eclipse anular y es el primero después de 241 años. Las cosas del espacio van despacio. La Luna, quizá harta de las baladas de los poetas y de la miel de los enamorados, se interpuso entre la Tierra y el Sol, al que ocultó dejando ver un anillo de luz. Yo no usé las gafas. No son mis horas, además. Lo que de verdad necesito son unas gafas para ver el eclipse de España, sin perjudicar a mis cansados ojos, que algo llevan visto. Tengo que tenerlos bien abiertos para ver si se salen con la suya, que no es la de todos, ni mucho menos, los que traman el desguace de la nación. Mi de verdad inolvidable Jaime Campmany -durante cincuenta y tres años fuimos amigos ciertos- publica ahora un libro póstumo, después de publicar tantos en vida. Se titula Zapatiesta Zapatero. Le gustaba a Jaime jugar con las palabras y ellas se dejaban. No lo hacen con todo el mundo. Él las quería y ellas le correspondían. Entre burlas y veras, en román paladino y en romances, el gran escritor vio claro el eclipse que nos aguardaba con más o menos puntualidad. Yo, mucho menos preocupado que él, le decía que cuando no supiéramos a qué carta quedarnos debíamos acogernos a la Carta Magna. Sospechaba Jaime que Rodríguez Zapatero iba a romper la baraja. Temía que los separatistas aspiraran a repartirse la túnica sagrada y creía que el actual presidente, el presidente ferroviario que llama Umbral, está mucho mejor dotado para meternos en un lío enorme que para sacarnos de él. «Atadle las manos al tonto», pidió Jaime Campmany a sus amigos socialistas. Tenía amigos en todas partes. Sus únicos enemigos eran los tontos».

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