Diario de León
Publicado por
MARÍA VICTORIA HERRÁEZ ORTEGA
León

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Durante el pasado mes de abril, la prensa nacional reflejaba desde distintos ángulos la noticia oficiosa en la que se explicaba que la Subcomisión de Humanidades del Consejo de Coordinación Universitaria, presidida por el doctor Gabilondo, Rector de la Universidad Autónoma de Madrid, había decidido eliminar del futuro catálogo de grados, entre otras, la titulación de Historia del Arte. La citada Subcomisión verificaba de esta forma un rumor que insistentemente se venía manejando durante los últimos años en ambientes académicos cercanos a la CRUE con una intención ciertamente maliciosa. La ambigua decisión pretendía apoyarse en una directiva emanada de la Comunidad Europea en 1999 que se conoce con el nombre de «declaración de Bolonia» por la que se invitaba a los distintos gobiernos comunitarios a participar en la creación de un Espacio Europeo de Educación Superior. Con rapidez, las autoridades comunitarias declaraban que Bolonia ni quitaba ni ponía titulaciones; el acuerdo se limitaba a pedir que para el curso 2010, los gobiernos deberían tener resuelta la reordenación de las mismas de modo que se pudiesen homologar los grados en el territorio europeo y, al mismo tiempo, promover la movilidad de estudiantes, profesores, y titulados. Las conclusiones que inevitablemente acudieron a la mente de los historiadores del Arte se podían resumir en: 1), que el acuerdo de la Subcomisión se adoptaba bajo la sombra de una manipulación de la declaración de Bolonia, 2), que imprudentemente la Subcomisión había tomado una decisión sin consultar con expertos que le hubieran indicado la realidad de los estudios en las universidades españolas y sin evaluar los datos contenidos en el Libro Blanco que los departamentos universitarios habían confeccionado como defensa de la titulación de Historia del Arte, y 3), que, lamentablemente, con el mero rumor de la desaparición de la titulación, extendido por la propia Subcomisión de Humanidades durante los meses de abril, mayo y junio, se provocaría la alarma y la consecuente desactivación de la matrícula en unos estudios que, durante los últimos diez años, se habían mantenido en niveles muy aceptables; sirva el ejemplo: en el curso 2003-2004 contó con poco menos de 16.000 alumnos. La respuesta de estudiantes, licenciados, profesionales y departamentos de Historia del Arte no se hizo esperar. Fueron convocadas asambleas informativas y manifestaciones que dieron a conocer a los ciudadanos el juego de paradojas que significaba que España, que había iniciado los estudios de Historia del Arte de forma autónoma durante el curso 1967-68 y cuya estela siguieron el resto de los países europeos, dejaba a un lado una disciplina indispensable para la administración, estudio y divulgación de uno de los Patrimonios Artísticos más excepcionales de Europa. Afortunadamente, el pasado día 22 de septiembre, en una reunión de expertos, presidida por la ministra, señora San Segundo y el secretario de Estado para Universidades, el señor Ordóñez, se tomó la decisión política de mantener los grados de Filosofía, Historia, Historia del Arte, Geografía y Lenguas Modernas. La incertidumbre ha desaparecido y el futuro de los estudios de Historia del Arte ha quedado despejado. A lo largo de los últimos meses los especialistas de todo el país han tratado de poner de manifiesto el grave error que supondría la eliminación de un grado universitario específico dedicado a la formación de aquéllos profesionales responsabilizados de atender el patrimonio artístico en sus diferentes aspectos de conocimiento, protección, conservación, divulgación y explotación cultural e, incluso, económica. En la Universidad de León ha sido el Departamento de Patrimonio Histórico-Artístico y de la Cultura escrita, como no podía ser de otra manera, el que ha abanderado el movimiento de defensa, pero la actividad llevada a cabo no hubiera sido posible sin el apoyo incondicional de la Facultad de Filosofía y Letras, del Rectorado, de la Delegación del Gobierno en Castilla y León, de la Delegación de la Junta en León y del conjunto de las instituciones y la sociedad leonesa; la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de León, los cabildos catedralicio e isidoriano, los distintos museos, los institutos y colegios de enseñanza secundaria y los ciudadanos en general que han colaborado a nuestros fines, demostrando que vivimos en una sociedad cada vez más preocupada por la cultura, merecen toda nuestra gratitud y, esperamos, la de las generaciones venideras. A todos, muchas gracias.

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