DESDE LA CORTE
Crónica de la fiesta nacional
ME PONGO a escribir después de las celebraciones del 12 de Octubre, Fiesta Nacional de España. Vengo con un sabor agridulce. El ambiente no era tenso, pero estaba cargado: el que correspondía a las tensiones políticas. Lo más sorprendente, al comenzar la jornada, fue la cantidad de banderas de España que había por Madrid. Alguien, no sé quien, se había encargado de repartirlas. Si ha sido el gobierno o el ministerio de Defensa, está bien. Pero, si ha sido la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento (ambos en manos del Partido Popular) o la propia organización del PP, es que se ha querido utilizar la bandera con fines políticos. La segunda estampa ha sido el abucheo a José Luis Rodríguez Zapatero. Abucheo doble: a la llegada y en el momento de su marcha. Dicen los viejos asistentes al desfile que nunca había ocurrido; que es la primera ocasión en que un presidente es recibido y despedido con pitos y gritos de fuera. Me parece natural: los asistentes a este tipo de actos no son, precisamente, los más partidarios de reformar estatutos o de jugar con la palabra nación. Pero esos silbidos e insultos son un indicio de cómo está una parte de la opinión: alarmada, irritada, sin disposición alguna a justificar el papel del gobierno en esta encrucijada. El término que define la situación es uno presente en la historia de España: intransigencia. Y después, la recepción del Palacio Real. Hubo más gente que el año pasado, pero no nos hagamos ilusiones: quizá se deba a que este año apenas se hizo puente. Me sigue impresionando la memoria del Rey: se acuerda de cientos de nombres de personas a quienes ve una sola vez al año. Seduce la sensibilidad de la Reina, que se interesa por familiares de invitados que no están presentes. El Príncipe de Asturias espera su próxima paternidad. Las infantas y sus maridos recorren los corros. El espectáculo humano me suena a antiguo. Hay más ex que gente de la modernidad. Echo en falta la gente guapa de la empresa y la cultura. Creo que la Casa Real tiene que corregir la lista de invitados. Saludo a Mariano Rajoy, triunfador de los sondeos. Está presionado. Mientras algunas voces dudamos que la política de portazo al Estatut sea la acertada, se le acercan rostros que le empujan: «Hay que ser más duros». Rajoy sonríe. ¿Y Zapatero? Casi no se ha movido del sitio. Se deja rodear de una nube de periodistas, casi todas mujeres, para soltar el discurso del optimismo. Asegura que no le han afectado los abucheos. Tiene nada menos que ocho fórmulas para que el término nación aplicado a Cataluña sea aceptado por todos. Fue el más abucheado de la fiesta, pero es el más optimista. Una de dos: o tiene datos que los demás desconocemos, o está haciendo una gran representación.